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La piel de toro.

Sinopsis de la HISTORIA de España.

Sinopsis de la HISTORIA de España. 1. HISPANIA.

Hispania era el nombre dado por los Romanos a la Península Ibérica, y a dos de las tres provincias romanas que crearon ahí: Hispania Baetica e Hispania Tarraconensis (siendo la tercera Lusitania).

Hispania y sus habitantes.

El término Hispania es latino, el término Iberia es exclusivamente griego. Decir español por iber o por hispanus es cometer una falta de pertenencia pues lleva consigo diferencias de época y de ambiente. En los textos que se conservan de los romanos éstos emplean siempre el nombre de Hispania (citada por primera vez hacia el 200 adC. por el poeta Quinto Ennio), mientras que en los textos conservados de los griegos éstos emplean siempre el nombre de Iberia.

Se sabe que los fenicios y los cartagineses llamaron a la Península con el nombre de Span o Spania, con el significado de oculto (país escondido y remoto). Existe otra versión de que el nombre proviene del término fenicio I-shphanim que literalmente significa: 'de damanes', (shphanim, es la forma plural de shaphán, 'damán', Hyrax syriacus) que fue con este vocablo con el que los fenicios decidieron, a falta de un nombre mejor, denominar al conejo, animal poco conocido por ellos y que abundaba en la península. Otra versión de esta misma etimología sería Hi-shphanim, 'Isla de conejos' (o, de nuevo literalmente, damanes). Por otra parte no era el unico bicho que llamaba la atención por su abundancia. Los griegos llamaron a la Península Ophioússa que significa 'tierra de serpientes', y lo cambiaron por Iberia, pues iber era una palabra que escuchaban constantemente entre los habitantes de la península. Es un término geográfico pero no se le puede asignar en concreto al río Ebro pues se encontraba esta palabra también por toda la Andalucía actual. Algunos lingüistas piensan que significaba simplemete río. En realidad no se sabe bien.

Gran parte del conflicto entre cartagineses (fenicios) y romanos tuvo como escenario las tierras de Iberia, la Península. El conflicto se manifestó en lo que se llamaron guerras púnicas y que terminaron con el triunfo de Roma. Entonces los romanos tomaron contacto con Iberia, pero para denominarla eligieron el nombre que ellos oían a los cartagineses, Ispania, al cual más tarde añadieron una H, como también añadieron una H a Hiberia. Además de la H utilizaron el plural, Hispanias, como utilizaron el plural en las Galias. Fue la primera provincia donde los romanos entraron y la última acabada de dominar por Augusto.

Los romanos dividieron al principio las Hispanias en dos provincias (197 adC., regidas por dos pretores, la Citerior, al norte del Ebro, y la Ulterior al sur. Las largas guerras de conquista duraron dos siglos; es lo que se conoce como romanización. Con la conquista se cortó el curso de la civilización indígena que fue sustituida por la heleno-latina. A través de estos dos siglos hubo muchos conflictos:

- Guerras de independencia en que los iberos y otros pueblos (primeros pobladores de la península) fueron poco a poco vencidos y dominados a pesar de las grandes gestas protagonizadas por la ciudad de Numancia o por el caudillo Viriato y otros.

- Guerra dirigida por Sertorio, pretor de la Hispania Citerior, desde donde desafió con éxito el poder de Roma.

- Guerra civil entre César y Pompeyo, que se llevó a cabo en gran parte en territorio de Hispania.

- Campañas de César y de Augusto para someter a los galaicos, astures y cántabros.

- Finalmente llega la pax augusta. Hispania es dividida en tres provincias. Es el siglo I adC. En este momento aparecen dos escritores cuya obra han tenido muy en cuenta los historiadores de todos los siglos: el geógrafo Estrabón y el historiador universal Trogo Pompeyo. Ambos dedican en sus obras sendos capítulos a las Hispanias.
Estrabón habla de Iberia en su libro III de Geografía y allí comenta:

Algunos dicen que las designaciones de Iberia e Hipania son sinónimas, que los romanos han designado a la región entera (la península) indiferentemente con los nombres de Iberia e Hispania, y a a sus partes las han llamado ulterior y citerior.
Trogo construye toda una imagen sobre sus habitantes:

Los hispanos (de Hispania) tienen preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte: dura y austera sobriedad en todo (dura omnibus et adstricta parsimonia). [……] En tantos siglos de guerras con Roma no han tenido ningún capitán sino Viriato, hombre de tal virtud y continencia que, después de vencer los ejércitos consulares durante 10 años, nunca quiso en su género de vida distinguirse de cualquier soldado raso.

Otro historiador romano llamado Tito Livio (59 adC a 17 ddC), escribe también sobre el carácter del hombre hispano, tal y como él lo veía:

Ágil, belicoso, inquieto. Hispania es distinta de Itálica, más dispuesta para la guerra a causa de lo áspero del terreno y del genio de los hombres.
Lucio Anneo Floro (entre los s. I y II), que fue un historiador amigo del emperador Adriano, también hace sus observaciones:

La nación hispana o la Hispania Universa , no supo unirse contra Roma. Defendida por los Pirineos y el mar habría sido inaccesible. Su pueblo fue siempre valioso pero mal jerarquizado.

Valerio Máximo la llamó fides celtiberica. Según esta fides, el ibero consagraba el alma a su caudillo y no creía lícito sobrevivirle en la batalla. Es la conocida devotio o dedicación ibera de los comienzos del imperio romano. (En la Edad Media tuvieron muy en cuenta esta fidelidad de los celtíberos a la que llamaron para sí lealtad española).

Más tarde, en el siglo IV, surge otro escritor, un retórico galo llamado Pacato que dedica parte de su obra a describir esta península, Hispania, su geografía, clima, habitantes, soldados, etc., y todo ello con grandes alabanzas y admiración. Pacato escribe:

Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio.
En su época sale a la luz una obra que se llama Expositio totius mundi en que se describe a Hispania como Spania, terra lata et maxima, et dives viris doctis (Spania, tierra ancha y vasta, y con abundantes hombres sabios). En estos momentos es cuando el nombre de Hispania alterna ya con Spania.

Pablo Orosio (390-418) hitoriador, discípulo de San Agustín y autor de Historiae adversus paganus, la primera Historia Universal cristiana, comenta al referirse a la acción reprobable de un pretor:

Universae Hispaniae propter Romanorum perditiam causa maximi tumultus fuit.
Para Orosio Hispania es una tierra con una vida colectiva con valores propios.

Con el tiempo este topónimo va a derivar en la voz España que designará la unidad geográfica de la península, más las conquistas de Baleares y Canarias a su debido tiempo. También ocurrirá a lo largo de la Historia que una pequeña extensión del oeste peninsular se convertirá en un nuevo reino llamado Portugal, de manera que a partir de ese momento decir España no será decir exactamente el territorio de la península Ibérica.

Las Hispanias.

En los primeros tiempos de la romanización, los romanos consideraron la península como dos provincias para administrar, dos Hispanias. A una provincia la llamaron Ulterior (la más alejada de Roma) y a la otra, Citerior (la más cercana a Roma). La frontera entre ambas era una línea sinuosa trazada desde Cartago Nova (actual Cartagena) hasta el mar Cantábrico. Cada una de estas dos provincias comprendía:

Hispania Ulterior: Andalucía, Portugal, Extremadura, León, gran parte de la anterior Castilla la Vieja, Galicia, Asturias, Cantabria y Vascongadas. (Se entiende que todos estos topónimos son actuales, para poder entender mejor los territorios comprendidos).

Hispania Citerior: Parte oriental de la anterior Castilla la Vieja, Aragón, Valencia, Cataluña, y gran parte de la anterior Castilla la Nueva. (Se entiende que todos estos topónimos son actuales, para poder entender mejor los territorios comprendidos).

En el año 27 adC, el general y político Agripa hizo un cambio. Dividió Hispania en 3 partes, añadiendo la provincia de Lusitania que comprendía casi todo lo que hoy es Portugal (excepto la faja al norte del río Duero) y casi toda Extremadura y Salamanca (actuales).

El emperador Augusto en ese mismo año vuelve a hacer una nueva división que queda así:

Provincia Hispania Ulterior Baetica (Bética), cuya capital era Córdoba. Incluía algo menos que la actual Andalucía ya que la actual Almería y gran parte de lo que hoy es Granada y Jaén caían fuera, más la zona sur de la actual Badajoz. El río Anas o Annas (Guadiana, de Wadi-Anas) separaba la Bética de la Lusitania.
Provincia Hispania Ulterior Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta (Mérida).
Provincia Hispania Citerior, cuya capital era Tarraco (Tarragona). Poco después, al cobrar máxima importancia esta provincia se llama simplemente Tarraconensis y se incluye en ella lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal.
Llegando ya al siglo III de nuestra Era, el emperador Caracalla hace una nueva división que dura muy poco tiempo. Divide la Citerior otra vez en 2 creando la nueva Provincia Hispania Nova Citerior con Asturiae-Calleciae (actual provincia de León). Pero esta rara división que los historiadores no llegan a comprender duró muy poco y en el 238 quedó restablecida la Citerior Tarraconensis en su unidad.

Visigodos y árabes.

Con el tiempo, se comenzó a utilizar una forma secundaria de Hispania: Spania y de ahí se derivaría el nombre que conocemos hoy como España. Según cuenta San Isidoro, con la dominación de los visigodos se empieza a acariciar la idea de la unidad peninsular y se habla por primera vez de la madre España. Hasta la fecha se habían servido del nombre Hispania para designar todos los territorios de la península. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de "totius Spaniae"; el prólogo de Historia Gothorum es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España) y en él trata a España como nación goda.

Con la invasión de los árabes se desvirtuó totalmente el nombre de Spania o España, (Isbá-nía) . Ocurrió algo curioso sobre lo que se habla pocas veces o nada en los textos y manuales de Historia y es el hecho de que los textos de las crónicas y documentos de la alta Edad Media designan exclusivamente con ese nombre (España o Spania) al territorio dominado por los musulmanes. Así, Alfonso I el Batallador (1104-1134) dice en sus documentos que "él reina en Pamplona, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza", y cuando en 1126 hace una expedición hasta Málaga nos dice que "fue a las tierras de España".

Pero ya a partir de los últimos años del siglo XII se designa a toda la península, sea de musulmanes o de cristianos con el nombre de España. Así se habla de los cinco reinos de España: Granada (musulmanes), León con Castilla, Navarra, Portugal y Corona de Aragón, con el Condado de Barcelona (cristianos).

Siglos más tarde.

En el siglo XIV el cronista Bernat Desclot narra la expedición de un conde catalán para salvar a una mujer ultrajada y pone en boca del héroe esta frase: Sényer, yo són un cavalar d’Espanya, e oí dir en ma terra que madona la emperadriu era reptada d’un cavaler de vostra cort... Más tarde el poeta portugués del siglo XVI Camões dice en una de sus obras: ...castellanos y portugueses, porque españoles lo somos todos… Todavía en ese siglo la unidad de la península se seguía denominando España, como derivado de Hispania.

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2. LOS VISIGODOS.

El pueblo germánico de los godos fue nombrado ya por Tácito, que los llamo Gotones . Entonces habitaban el Norte de Germania, en tierras que antes poblaron Boyos, Getas y Escitas. Ampliaron sus territorios e incorporaron a otros grupos vecinos (de origen germano y sármata) y dominaron del Theiss al Don y del Ponto al Báltico.

Integraron la nación de los godos pueblos diversos: hérulos, rugios, lemovios, esciros, helvecones, sidenios, turcilingos, gépidos, vándalos y otros, algunos de los cuales acabaron desapareciendo en el conjunto, mientras otros formaron sus propios grupos. Los godos, propiamente dichos, se dividían en Theruingi (Tervingos) y Greuthungi. Los primeros poblaron el territorio entre los Cárpatos y el Dnieper y los segundos las estepas ucranianas al Este del Dnieper. Así este río servía de límite entre ambos grupos y los Theruingi fueron llamados west gohts (visigodos) por situarse en Occidente (West en germano), y los Greuthungi fueron lla-mados ost gohts (ostrogodos) por situarse en el Este (Ost en germano). Otra versión atribuye la denominación visigodos a la palabra germana wisgohts, traducida por “hombres fuertes”.

Los visigodos ("Godos del Oeste" — alemán Westgoten o Visigoten—, en comparación con los ostrogodos —alemán Ostgoten; compárese el paralelismo del nombre de Austria en alemán que es Österreich o "reino del este"— o "Godos del Este") fueron un pueblo germánico que penetró en el Imperio Romano tardío. Los visigodos fueron la rama occidental de los pueblos godos. Después de la caída del Imperio Romano occidental, los visigodos tuvieron un papel importante en Europa durante los 250 años que siguieron. Los godos, aprovechando la pasividad de los emperadores romanos con respecto a Germania, se establecieron allí tranquilamente, hasta que a principios del siglo III se instalaron a orillas del mar Negro, en la zona de Crimea, de donde fueron expulsados por los hunos en 376. Para entonces los godos se habian desgajado en dos grupos: visigodos y ostrogodos.

Durante el siglo III ambos grupos efectuaron incursiones contra el Imperio, destacando las del 251 (contra Misia y Tracia), la del 258-259 (contra la costa del Mar Negro, Propóntide, las islas del Egeo, Éfeso, Atenas y otros puntos) y la del 269 (contra Creta, Chipre, Tesalónica y otros puntos). El 270 Aureliano hubo de abandonar la margen izquierda del Danubio (Dacia) cesando entonces sus incursiones, ocupando los godos esta provincia.

Cristianización.

El obispo godo Ulfilas tradujo la Biblia al gótico y en gran medida fue responsable de la conversión de los godos al arrianismo, una secta del cristianismo.

Un siglo después, hacia el 370, ya habían sido cristianizados habiendo optado por el arrianismo (que a mediados del siglo IV contó con el favor imperial en Oriente), y estaban gobernados por un rey llamado Hermanrico o Ermrich, el primer rey histórico de la dinastía de los Amalos, quien hubo de enfrentarse a los hunos dirigidos por Balamir el 375. Hermanrico, ya anciano, fue gravemente herido en un atentado y se suicidó antes de una inminente derrota, sucediéndole Witimiro o Winithar, cuyo intento de resistir a los hunos no tuvo éxito y él mismo resultó muerto. Los magnates ostrogodos eligieron un nuevo rey para su pueblo (la dinastía legitima ostrogoda de los Amalos preconizaba el mantenimiento de la unidad de todos los grupos godos, bajo su dirección) y se sometieron a los hunos. Pero los visigodos, que eran unos doscientos mil, se reunieron en la orilla norte del Danubio y pidieron al Imperio, contra el que habían combatido unos años antes, que les aceptaran en sus territorios y se les otorgaran tierras donde asentarse. Una parte de los ostrogodos, a cuyo frente figuraba el rey niño Viderico, de la dinastía legitima de los Amalos, marchó con los visigodos, y uno de sus descendientes enlazó años después con la dinastía ostrogoda (en tiempos de Teodorico el Grande).

Al grupo (esencialmente formado por visigodos) se le permitió asentarse en la orilla Sur del Danubio y los Balcanes (Tracia y Mesia). Muchos de los que se asentaron en Mesia se convirtieron en campesinos y fueron conocidos como mesogodos. Parece ser que existía un jefe o juez llamado Atanarico, pero fue suplantado por Fritigern o Fritigerno, que era arriano y contó con ayuda del Emperador Valente (también arriano). Pero la explotación a que fueron sometidos por los funcionarios imperiales y por jefes militares romanos les creó una situación insostenible para su orgullo. Fritigern y los magnates visigodos presentarían quejas y el general romano Lucipino intentó asesinar a Fritigern durante un banquete; el intento fracasó y Lucipino resultó muerto. Fritigerno y los visigodos se rebelaron (377) en Marcianópolis (Misia Inferior), venciendo a las fuerzas imperiales en Adrianópolis (el 9 de Agosto del 378) en cuyo combate murió el Emperador Valente. Su sucesor, Teodosio, tras combatirles algún tiempo, ajustó con ellos la paz (381), pero hubo de asentarlos más firmemente en el Imperio y darles un papel importante en el ejercito. Fritigern parece haber gobernado hasta después del 380, y la sucesión debió recaer en Badengaudo, de la familia de los Baltos. Aunque el arrianismo fue condenado por la Iglesia desde el 381 los visigodos se conservaron fieles a esta doctrina. Los godos tuvieron como primer obispo a Ulfilas , que tradujo la Biblia al godo. Los visigodos obtuvieron una participación destacada en las guerras civiles del 388 (contra Máximo) y 394 (contra el pagano Eugenio). Cuando murió Teodosio (17 de Enero del 395) los visigodos estaban gobernados por Alarico I, hijo de Badengaudo; Alarico fue el primero que gobernó sobre la totalidad de los visigodos; con él se restauró plenamente la dinastía de los Balthos o Baltos. Alarico atacó Constantinopla y asoló Grecia (395 y 396). El General Estilicón logró expulsarlos de Grecia, pero el Emperador, temeroso del poder del general, designo a Alarico gobernador de Iliria, logrando con ello cinco años de paz (396 a 401).

El saqueo de Roma.

El 401 Alarico marchó contra Italia pero fue derrotado cerca de Pollentia (6 de abril del 402) y después en Verona. Probablemente Estilicón negoció con Alarico su ayuda contra otros bárbaros como Radagaiso, y se cree que le fue ofrecida la confirmación como Magister Militum y gobernador de Iliria, con unos limites que entraban en contradicción con las reivindicaciones territoriales de Oriente. El partido nacionalista romano, tal vez instigado por el gobierno de Constantinopla, acusó a Estilicón de preparar la entrega del Imperio a Alarico, y urdió un complot. Estalló una revuelta de tropas que obligó a Estilicón a refugiarse en una Iglesia, siendo asesinado en el momento de salir (tras prometérsele que salvaría la vida si salía) por Olimpo, bajo ordenes del Emperador Honorio (23 de agosto del 408). Alarico regresó a Italia y obtuvo nuevas concesiones de Honorio que se había establecido en Rávena, pero una vez se retiraron los visigodos, Honorio no mantuvo sus promesas. Los visigodos marcharon hacia Roma y apoyaron la proclamación de un usurpador llamado Prisco Atalo (409), que era de origen jonio y probablemente arriano, el cual concedió a Alarico el titulo de Magister Militum. Pero Atalo no quiso o no pudo cumplir sus promesas y el rey visigodo regresó a Roma, depuso al usurpador (14 de agosto del 410) y sus hombres saquearon la ciudad eterna durante tres días, tras o cual la abandonaron llevándose con ellos a Atalo y a Gala Placida, hermana de Honorio. De Roma pasaron al Sur devastando Campania, Apulia y Calabria. Alarico murió en el sitio de Cosenza (410) y le sucedió su cuñado Ataulfo. Éste pactó con Honorio la salida de Italia a cambio de la concesión del gobierno de Las Galias (territorios que escapaban del control de Roma, pues se habían sometido a Constantino).

Las largas y complejas luchas de Ataúlfo para dominar el Sur de Las Galias le ocuparon varios años (411 a 414). En el 414 el rey Ataulfo, que tras una alianza con Honorio y con el Magister Militum Constancio, había vuelto a actuar por su cuenta, se casó con Gala Placida, hermana de Honorio. Constancio fue enviado a la zona y los visigodos fueron derrotados en Narbona. Constancio logró desviar a Ataulfo hacia Hispania (lo que le permitía conservar el Sur de la Galia), y los visigodos entraron en la Tarraconense el 415. En el 416 Ataulfo propuso una alianza con el Imperio, en nombre del cual se encargaría de combatir a los Suevos, Alanos y Vándalos Asdingos y Silingos que ocupaban las provincias de Hispania excepto la Tarraconense. Con tal motivo Ataulfo se traslado a Barcino (415 o 416) pero allí fue asesinado por el esclavo Dubius, a quien se supone instigado por su sucesor Sigerico o bien por el noble Barnolfo, supuesto amante de Gala Placida.

Los Visigodos en la península Ibérica.

En el año 476, los visigodos ya se habían asentado en la península Ibérica y formado un reino que habría de existir hasta que en 711, la invasión musulmana lo destruyó. En ese nuevo reino convivieron los hispano-romanos y los visigodos aunque nunca llegaron a fusionarse.

El Reino Visigodo de España se hundió en 711 por problemas internos y traiciones. Durante una lucha interna por el control del reino por parte de Don Rodrigo y Witiza , este último pactó con los árabes que llegaron en su ayuda, pero invadieron la península viendo la poca oposición que tenía su ejercito en la misma. Para el 713 toda la península, a excepción de Asturias, quedó bajo el dominio mahometano. Sin embargo, varios nobles visigodos escaparon a Asturias, la única zona fuera del control musulmán y uno de ellos, un oficial de don Rodrigo llamado Pelayo, consiguió derrotar el 722 a una expedición de conquista musulmana en la batalla de Covadonga. Don Pelayo fue elegido rey y así se conseguirá la creación de un pequeño pero férreo núcleo de resistencia que daría lugar a la formación de los primeros reinos cristianos.

Durante el régimen político del general Franco, los escolares debían aprenderse de memoria la llamada lista de los reyes godos, que consistía en los nombres y fechas de reinado de todos los reyes visigodos que hubo en España.

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3. INVASIÓN MUSULMANA.

Proceso que abarca las operaciones militares que durante el siglo VIII condujeron al dominio musulmán de la mayor parte de la Península Ibérica y a la formación de al-Andalus.

La invasión de la península tuvo lugar el año 711, una vez concluido la conquista militar musulmana sobre la mayor parte de África, aunque mucho antes de que tuviera lugar una asimilación militar y religiosa de sus habitantes bereberes. En aquel momento gobernaba el reino visigodo Don Rodrigo, quien había accedido al trono a la muerte de Witiza y que enfrentaba diversos conflictos sucesorios con los hijos de Witiza. Conocedor el gobernador árabe Musa ibn Nusayr de las dificultades del reino visigodo, habría decidió enviar el 710 un cuerpo expedicionario comandado por Tarif Abu Zara, para realizar una expedición de saqueo, si bien la veracidad de este hecho, así como muchos otros de la conquista musulmana, es discutida por muchos historiadores. El éxito de la empresa animó a Musa a formar una expedición más importante y en la primavera de 711 envíó una nueva expedición comandada por Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger. Esta expedición superaría el estrecho y conquistaría Algeciras, donde Tariq aumentó su número de hombres y desde donde se enfrentó a Don Rodrigo, el 19 de julio de 711, en la batalla de Guadalete.

El desarrollo de la invasión.

La derrota visigoda permitió a los musulmanes avanzar sobre la Bética, de manera que en octubre de 711 caía la ciudad de Córdoba, mientras que otras ciudades como Granada y Málaga se entregaban. También Toledo, la capital del reino visigodo, se rindió sin resistencia, desde donde Tariq continuó el avance hacia Guadalajara y Amaya. Los invasores obtuvieron importantes botines en estas expediciones y se beneficiaron del apoyo de los witizianos.

Ante el espectacular avance musulmán el 712 Musa decidió sumarse a la invasión y atravesó el Estrecho con un gran éjército. Parece probable que Musa se planteara la expedición como un rescate, asegurando la ruta entre Toledo y el Estrecho. La ruta exigía asegurar la posesión de la zona del Estrecho, la comarca de Córdoba, y la ruta hasta Toledo, con las retaguardias de Sevilla y Mérida, de donde podía proceder el peligro. No obstante los hechos se desarrollaron mejor de lo que Musa podía esperar. Las ciudades de Medina-Sidonia, Carmona y Sevilla le abrieron las puertas sin lucha, probablemente porque los partidarios de Rodrigo habían huido y predominaban los witizianos o cuando menos los neutrales. Los partidarios de Rodrigo se concentraron en Mérida. Musa sitió la ciudad que resistió a los embates enemigos. Dieciseis meses necesitó Musa para tomar la ciudad (capituló el 30 de Junio del 713). Paralelalemente fueron tomados otros territorios, especialmente en sudeste, como la región murciana gobernada por el noble godo Teodomiro, en esta caso por el hijo de Musa, Abd-al-Aziz.

En este momento los musulmanes dominaban la Bética, pero parte de Lusitania, parte de la Cartaginense y la Tarraconense Occidental. Es probable que durante el sitio de Mérida, Musa concertase acuerdos con los comes godos de las ciudades, a los que garantizaba el mantenimiento del poder, de sus bienes y de su religión, a cambio de que reconocieran la soberanía del Califa. Los magnates godos que firmaron los tratados se obligaban a ser fieles y sinceros con el walí de Hispania (éste era el título que se arrogaba Musa), a no conspirar con sus enemigos, a pagar u tributo anual para cada uno de sus súbditos cristianos; a cambio les serían respetados sus dominios y la libertad de sus súbditos, los cuales no podrían ser violentados en su religión, ni quemadas su iglesias. Estos acuerdos se extendieron también a los magnates que, aun sin el título de conde, gobernaban de hecho sobre extensos territorios en los que no había ninguna ciudad importante, y a algunos duces, a todos los cuales debieron entregarse las propiedades de los magnates partidarios de Rodrigo. Una parte de las tierras reales visigodas, que eran muy extensas, serían entregadas a los participantes en las expediciones (los que ya estaban en Hispania y los que llegaran en el futuro), excepto una quinta parte que quedaría para el Califa. Musa no estableció ninguna modificación en los impuestos, los cuales seguirían recaudándose en igual forma que hasta entonces, pero su importe pasaría a poder del Musa, en concepto de valí árabe de Hispania, el cual remitiría un quinto de su importe al Califa. Las convenciones mejoraban la posición de la nobleza, que además de mantener sus posesiones en seguridad lograría sin duda evitar algunos impuestos. Se cree que a los humildes se les rebajaron los impuestos, lo que provocó una mejora de su situación y la legislación anti-judía desapareció.

Una vez asegurada la capitulación de Mérida, Musa se encontró con Tariq en Talavera, junto al cual seguiría avanzando hacia el norte. En la primavera del 714 Musa y Tariq avanzaron hacia Zaragoza, desde donde Tariq se dirigió a Soria y Palencia, para penetrar en Asturias, desde donde alcanzó la bahía de Vizcaya en Gijón. Por su parte, Tariq ocupaba Logroño, León y Astorga, fijando los límites de la conquista en el valle del Ebro. En verano de 714, Tariq y Musa fueron requeridos por el califa de Damasco, mientras que el hijo de Musa, Abd-al-Aziz permaneció en Sevilla, primera capital de al-Andalus, como walí. Bajo su mandato se completo la conquista de la zona oriental y se consolidaron las posesiones de Évora, Santarem y Coimbra.

La finalización de la ocupación musulmana.

En 716, Abd-al-Aziz era asesinado violentamente, abriéndose así un periodo de turbulencias en al-Andalus que se extendería durante cuarenta años. Ese mismo año la capital pasó a ser Córdoba y entre ese año y el 719 capitularon Pamplona, Huesca y Barcelona, lo que obligó a los hispanogodos resistentes a refugiarse en las montañas del Cantábrico o el Pirineo o emigrar a la zona de Narbona. Aunque Narbona cayo en el año 720, los musulmanes no lograron penetrar en el reino franco merovingio por Aquitania, Provenza, Borgoña o Gascuña, y a pesar de que prosiguieron las expediciones musulmanas, estas fueron definitivamente paralizadas a mediados del siglo.

La conflictividad interna de al-Andalus propició asimismo la consolidación de un movimiento insurreccional en la costa del Cantábrico, surgido de la victoria en la batalla de Covadonga el 718, por parte de Pelayo, sobre el cual se edificaría paulatinamente durante la primera mitad del siglo el reino de Asturias, al que seguirían más tarde la formación de otros núcleos en la zona oriental.

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4. AL-ANDALUS.

Se conoce como al´Andalus al territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán durante la Edad Media - (711 - 1492). No se conoce con precisión el origen de la palabra al´Andalus, para algunos autores proviene de los vándalos: bandalus, otros la relacionan con la lengua tamazíg de los bereberes: anna = rio, lus = tierra cultivada, para otros proviéne del germano: land = tierra, lus = de sorteo, lo que encajaría con el reparto histórico a las tribus germánicas, de los dominios del extínto Imperio Romano de Occidente. Andalucía proviene del termino arabizado: "al´Andalusíya", con su sufijo activo y femenino, o sea al´Andalus por antonomasia. El problema de éstas controversias es que están incardinadas en conflictos históricos, políticos y religiosos del pasado, lo que da lugar a distintas interpretaciones históricas.

Para algunos historiadores, al´Andalus y Andalucía son la misma linea de identidad, salvada la distancia histórica, cultural, religiosa, etc, no solo por el nombre, sino por la geografía y la historia de éste extenso periodo histórico, forjada básicamente en sus tierras, e irradiando desde ellas su influencia y dominación sobre gran parte de la peninsula ibérica como así atestígua la arqueología, y la evolución de sus influencias. La numismatica de la primera época identifica al´Andalus con Hispania a través de numerosas monedas encontradas en Andalucía, en la que los dos términos aparecen acuñados, como ambivalentes e identicos. El Califato de Córdoba, se fundamentó de manera natural y administrativa, sobre la última capital de la Bética hispanoromana, Corduba, y todo su entramado territorial. La Mezquita de Córdoba representa en la historia del Arte Andaluz y universal, el eslabón perdido entre la cristiandad mediterranea occidental antigua, el arrianismo sincrético premusulmán, el Islam, y el catolicismo del pasado moderno andaluz.

Para otros historiadores y autores, en cambio, "Al-Andalus no debe confundirse con el término Andalucía", ya que "la extensión de Al-Andalus fue muy variable en el tiempo, y comprendió desde casi toda la península hasta sólo las provincias de Almería, Málaga y Granada", y algunos territorios limitrofes que formaron el llamado Reino de Granada. O que "Sólo durante unos pocos siglos su silueta podría confundirse con la de Andalucía, O por otro lado, "la influencia musulmana en la Andalucía actual no es tan amplia como recogen ciertas visiones foráneas (herederas de los prejuicios de ciertos viajeros románticos) y prácticamente se reduce a ciertos elementos en la gastronomía, costumbres o pronunciación, aparte de los monumentos". Aunque la ciencia demográfica aplicada a la história y arquologias andaluzas lo desmiente, para algunos "seguramente queden más descendientes de andalusies en Aragón que en la propia Andalucía".

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5. LA RECONQUISTA.

Se llama Reconquista a la etapa de la historia de la Península Ibérica e Islas Baleares entre los años 718 y 1492, caracterizada por la coexistencia de estados gobernados por cristianos y por musulmanes.

En 711 se produjo en la Península Ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de África del Norte. Entraron por Gibraltar (que precisamente debe su nombre actual a Tarik, general que desembarcó) y el propio Rey Rodrigo (Don Rodrigo), último de los reyes visigodos, fue a combatir, perdiendo la vida en la Batalla de Guadalete.

En el 713 cayó Toledo y en el 714 Zaragoza. Tarik fue llamado a Damasco, entonces capital del califato, para informar y nunca mas volvió. Su lugar lo ocupó el gobernador Adal-Ariz, comenzando el emirato independiente. A partir de este momento comenzaron una política de tratados con los nobles visigodos que les permitió controlar el resto de la península. En el 716 Adal-Ariz fue asesinado en Sevilla y comenzó una crisis tal que en los siguientes cuarenta años se sucedieron veinte gobernadores. En este año 716 los árabes comenzaron a dirigir sus fuerzas hacia los Pirineos, para tratar de entrar en el reino carolingio.

En el año 718 un noble visigodo llamado Pelayo se sublevó. Fracasó y fue hecho prisionero y enviado a Córdoba (Los escritos usan la palabra Córdoba, pero esto no implica que fuera la capital, ya que los árabes llamaban Córdoba a todo el califato). Sin embargo consiguió escapar y organizó una segunda revuelta en los montes de Asturias, que acabó con la batalla de Covadonga del 722. Esta batalla se considera el comienzo de la reconquista y del primer reino cristiano, que fue el reino de Asturias.

El Reino de Asturias tuvo varias escisiones. La primera a la muerte del rey Alfonso III el Magno, que repartió sus dominios entre tres de sus cinco hijos, García, Ordoño y Fruela. Estos dominios incluían, además de Asturias, el condado de León, el de Castilla, el de Galicia, la marca de Álava y la de Portugal (que entonces era sólo la frontera sur de Galicia). García se quedó los tres primeros fundando el Reino de León. Ordoño se quedo Galicia y Portugal, y Fruela se quedo Asturias.

Debido a la resistencia carolingia (el caudillo franco Carlos Martel había rechazado la invasión musulmana de Aquitania), otros dos focos cristianos aparecieron en la Península: El reino de Pamplona y el reino de Aragón.

El Reino de Pamplona, posteriormente llamado Reino de Navarra, tuvo como origen la propia familia gobernante, que había pactado con los musulmanes (y hasta se habían convertido al Islam), y luego se rebeló contra ellos.

El Reino de Aragón comenzó como la Marca Hispánica (aquí "marca" quiere decir frontera). Fue una zona de contención militar que pusieron los carolingios en los Pirineos. Con el tiempo se independizó y se expandió hacia el sur y el Mediterráneo, dando lugar al reino de Valencia.

Al avanzar la reconquista Castilla se independizó de León, Portugal de Galicia y Aragón se expandió hacia el sur. Posteriormente Castilla absorbería a Asturias, a León, a Galicia y parte del Reino de Navarra. Aragón absorbió al condado de Barcelona y al Reino de Valencia.

Al final de la Edad Media, la península estaba repartida en cuatro reinos cristianos (Castilla, Aragón, Navarra y Portugal) y el reino musulmán de Granada, gobernada por Mohamed o Boabdil.

Enrique IV de Castilla buscaba una alianza con Portugal. Para obtenerla habia casado a su hija Juana la Beltraneja con Alfonso V de Portugal. Sin embargo, su hermana Isabel de Castilla, que aspiraba a la corona al considerar a su sobrina ilegitima, se casó en secreto con Fernando II de Aragón, y a la muerte de Enrique reclamó el trono castellano. Tras una guerra de sucesión entre Isabel, apoyada por Aragón, y Juana, ayudada por Portugal, Isabel quedó en el trono.

La alianza Castellano-Aragonesa tomó Granada (1492) y posteriormente Navarra, en 1512, quedando ésta anexionada a la Corona de Aragón al principio, y a la de Castilla en 1515. Tras ésto, la peninsula Iberica quedó repartida en tres reinos: Aragón, Castilla y Portugal.

Religión y cultura.

En los territorios dominados por los musulmanes continuaban existiendo comunidades cristianas (con religión, idioma y leyes propias). La tolerancia se perdió a medida que avanzaba la Reconquista (la conquista de los territorios que antes pertenecían al dominio de los visigodos por los estados cristianos del norte, en parte herederos de los visigodos) y con la llegada de los almorávides y almohades del Norte de África.

También en los territorios que habían vuelto a pasar bajo el dominio de los reyes cristianos seguían viviendo musulmanes. Así se producía un intercambio cultural importante entre musulmanes y cristianos. Junto con estas dos culturas coexistía la judía. Sabían, además del hebreo, el árabe y el castellano por lo cual tenían un papel importante en la traducción de textos a los diversos idiomas (juntos con traductores cristianos en la Escuela de Traductores de Toledo). Gracias a la traducción al latín los textos árabes tendrían difusión en a otros países europeos.

Los Reyes Católicos acabaron con este intercambio de cultura expulsando de España a los árabes y los judíos después de la toma de Granada en 1492, dando así por terminada la Reconquista.

Sin embargo todavía hoy en día quedan en España recuerdos de aquella época: unas 4000 palabras de origen árabe, monumentos de la época (castillos como La Alhambra, mezquitas como la de Córdoba) y elementos artísticos (ornamentos, mosaicos) en iglesias cristianas.

Nota: El término "Reconquista" esta considerado como parcial por algunos, que proponen el alternativo de "conquista y repoblación". Para contribuir a una discusión sobre el asunto, usad por favor la pestaña a tal efecto.

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6. LA CASA DE AUSTRIA.

Los Habsburgo, familia reinante en Austria desde 1278 hasta 1918, cuyo dominio se extendió a otros territorios, incluida España. Toma su nombre del castillo familiar de Habichtsburg, construido en el siglo XI en Suiza; en esa época inicial sus dominios se extendían por el norte de Suiza y Alsacia.

Ascensión al trono del Sacro Imperio Romano Germánico.

Accedieron por primera vez a la dignidad imperial de Alemania en 1273, con Rodolfo I (1218 - 1291). Fue él quien adquirió los ducados de Austria, Estiria y Carniola. Volvieron a poseer la Corona imperial en tiempos de su hijo Alberto I (1250 - 1308), elegido en 1298, después del interregno de Adolfo I de Nassau, al que destronó. Sin embargo, a duras penas consiguió mantenerse como rey de Alemania, gracias al apoyo de Francia, Bohemia y el Papado, mientras muchos príncipes alemanes le opusieron resistencia hasta que murió asesinado por su propio sobrino, Juan de Suabia, pasando la Corona imperial a la Casa de Luxemburgo.

A lo largo del siglo XIV, los Habsburgo completaron sus territorios patrimoniales con la incorporación de Carintia, Tirol, Friburgo, Trieste y Vorarlberg, al mismo tiempo que una larga lucha con los suizos -iniciada en tiempos de Alberto I- les hacía perder sus dominios originales del oeste.

De nuevo consiguieron la Corona imperial en 1438, con Alberto II (1397 - 1439). A partir de entonces, aunque la dignidad imperial siguió siendo teóricamente electiva, quedó vinculada a la Casa de Habsburgo hasta la desaparición del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806 (con una breve interrupción en 1740 - 1745). Le sucedió al frente de la Casa y del Imperio su primo Federico III (1415-1493), que inició la serie de enlaces matrimoniales que extendieron los dominios de la Casa hacia Europa occidental, al casar a su hijo Maximiliano I (1459 - 1519) con María de Borgoña, que proporcionó a los Habsburgo los amplios territorios borgoñones de los Países Bajos y el Franco Condado. Su hijo Felipe I, el Hermoso (1478 - 1506) fue rey de Castilla por matrimonio con la heredera de los Reyes Católicos, Juana I la Loca. El hijo de ambos, Carlos V (1500-58), reinó en España con el nombre de Carlos I, antes de ser elegido emperador en 1519.

La herencia de Carlos reunía en una sola mano Austria, los Países Bajos, el Franco Condado, Castilla (con Navarra, Granada y las Indias recién descubiertas) y la Corona de Aragón (con Nápoles, Sicilia y Cerdeña). Con él llegó a su apogeo el poderío de la Casa, llegando a concebir un ideal de Monarquía cristiana universal, que fracasó ante la resistencia opuesta a sus planes por Francia y por la reforma protestante, que escindió a la Cristiandad occidental. Al abdicar, en 1555 - 1556, repartió sus dominios entre su hermano Fernando y su hijo Felipe, creando así dos ramas de la familia, asentadas respectivamente en Austria y España.

Durante el Siglo XVI la fortuna de los Habsburgo, hízose en gran medida sobre la de los Welser y los Fugger.

Fernando I (1503 -1564) recibió el Imperio (1558), junto con los dominios patrimoniales originales de la Casa en Austria. Su matrimonio le proporcionó, además, Bohemia y Hungría. Al morir, la rama austriaca de la Casa se dividió, a su vez, en tres líneas: los Habsburgo de Austria (Rodolfo II y Matías, con quien se extingue esta línea en 1619), los del Tirol (que se extinguen en 1666) y los de Estiria (Fernando II, Fernando III, Leopoldo I, José I…). Fueron estos últimos los que heredaron la dignidad imperial y acabaron reuniendo en su mano los dominios repartidos desde la muerte de Fernando I.

Los Habsburgo en España.

Felipe II (1527 - 1598), hijo de Carlos V, inicia la serie de los Habsburgo de España, conocidos también en este país como la Casa de Austria. Recibió, además de los reinos de Aragón y Castilla, con sus posesiones americanas, los dominios de la Casa en Italia, los Países Bajos y el Franco Condado, a los que él añadió Portugal, anexionado por la fuerza haciendo valer los derechos de Felipe en un momento de crisis sucesoria (1580). Se casó con una princesa de la Casa, Ana de Austria. Le sucedieron en el Trono español los llamados «Austrias menores», iniciados por Felipe III, quien tuvo que reconocer a las Provincias Unidas y sus descendientes, cuyas incesantes guerras exteriores no pudieron impedir el declive del poderío de los Habsburgo en Europa: Felipe IV y Carlos II (1661-1700). La muerte de éste sin descendencia desencadenó una pugna general en Europa por ocupar el Trono de España, conocida como la Guerra de Sucesión Española (1701-1714).

Los Habsburgo defendieron la candidatura del Archiduque Carlos, que luego sería emperador con el nombre de Carlos VI (1685 - 1740). Éste consiguió apoyos en los reinos de la Corona de Aragón, pero, derrotado por los partidarios del pretendiente francés, Felipe V, hubo de renunciar al Trono español, que pasó desde entonces a la Dinastía Borbón.

La rama austriaca en el siglo XVIII.

Las paces de Utrecht (1713) y Rastatt (1714), que pusieron fin a la guerra, desgajaron sin embargo de la Corona española los dominios de los Países Bajos e Italia (Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milán), que revirtieron desde entonces a la rama austriaca de la familia, representada por Carlos VI, ya emperador desde 1711 (salvo Sicilia, que pasó a Saboya).

Durante el reinado de Carlos VI se aprobó la Pragmática Sanción de 1713 que vinculaba los dominios de los Habsburgo asegurando su transmisión indivisa. No obstante, el juego diplomático y militar del equilibrio europeo le hizo perder sucesivamente Cerdeña (intercambiada por Sicilia en 1720), Nápoles (1735) y Sicilia (1738).

La muerte de Carlos VI sin descendencia masculina directa desencadenó la intervención de las potencias europeas que dio lugar a la Guerra de Sucesión Austriaca (1740 - 1748); por aquella contienda, se afirmó en el Trono austriaco la hija de Carlos VI, María Teresa I, quien, sin embargo, no fue emperatriz de Alemania, arrebatando esa dignidad a los Habsburgo el príncipe elector Carlos Alberto de Bavaria (emperador en 1742 - 1745). La guerra le costó además, a María Teresa la pérdida de Silesia a manos de la Prusia de Federico II el Grande, segun lo establecido en el Tratado de Aquisgrán (1748). Su matrimonio con el duque de Lorena, Francisco I (a quien hizo elegir emperador en 1745), dio lugar al nuevo linaje de Habsburgo-Lorena. A partir de 1756 debieron enfrentar la Guerra de los Siete Años de la que Austria salio mal librada. A la pareja imperial la sucedió el hijo de ambos José II (1741-1790), emperador desde la muerte de su padre en 1765 y rey de Austria desde la muerte de su madre en 1780. Su hermana María Carolina de Habsburgo, se casó con Fernando I de Nápoles (el hijo de Carlos III de España), dando origen al linaje borbónico de los reyes de las Dos Sicilias (hasta 1860). También era hermana suya María Antonieta, que se casó con el rey de Francia, Luis XVI.

A José II le sucedieron al frente del Imperio su hermano, Leopoldo II, en 1790 - 1792, y el hijo de éste, Francisco II (1768-1835), en 1792-1806.

Fin del Sacro Imperio Romano Germánico.

La Paz de Westfalia de 1648 supuso la pérdida de poder real del emperador y una mayor autonomía de los trescientos cincuenta estados resultantes. A todos los efectos, el Sacro Imperio Romano pasó a ser una confederación de Estados. Después en 1658 se creo la Liga del Rin que interfirió aun mas en el poder de la Casa de austria.

Francisco II fue el último soberano del Sacro Imperio Romano Germánico, pues esta entidad fue eliminada por Napoleón I en el marco de la reordenación general de Europa que siguió a las victorias militares francesas. Dichas guerras le habían hecho perder a Austria los Países Bajos y el Milanesado (1797), así como sus dominios en la orilla izquierda del Rin (1801).

En 1806, Francisco II se vio obligado a admitir la desaparición del Imperio del que era titular, sustituido por una Confederación del Rin que hegemonizaba Napoleón.

Limitado a sus estados patrimoniales en Austria, asumió el título de emperador de Austria con el nombre de Francisco I. Aún sufriría nuevas derrotas a manos de Napoleón, que le obligaron a darle en matrimonio a su propia hija María Luisa (1810). Finalmente, sin embargo, la suerte de la guerra se inclinó de parte de la alianza antifrancesa en la que participaba Austria por decisión del ministro de Francisco II, Klemens von Metternich (1814 -1815). En consecuencia, el Congreso de Viena (1815) le devolvió parte de los territorios perdidos, compensando la cesión definitiva de los Países Bajos con la adquisición del Véneto y una influencia general sobre la península italiana.

La Confederación Germánica.

El Sacro Imperio Romano, en cambio, no fue restaurado, sino sustituido por una Confederación Germánica, de la que los Habsburgo ostentarían la presidencia hasta que desapareció en 1871, aunque viendo ya menguado su poder desde que en 1834 Prusia instauró la Unión Aduanera del Norte de Alemania.

A Francisco II le sucedieron su hijo Fernando I y su nieto Francisco José (1830 - 1916). Éste accedió al Trono en 1848, cuando su tío y predecesor fue derrocado por una revolución.

Se inició entonces un largo reinado lleno de desgracias para la familia, que vería declinar paulatinamente el poder de Austria. Primero perdió una guerra contra el Reino del Piamonte, apoyado por la Francia de Napoleón III, que le hizo ceder la Lombardía y admitir la unificación de Italia, perdiendo su antigua influencia en la península (1859).

Napoleón III le ofreció una compensación, haciendo coronar a su hermano Maximiliano I emperador de México en 1863, aprovechando la ocupación del país por un ejército francés; pero la resistencia mexicana acabó con aquel experimento y Maximiliano fue fusilado en 1867.

En 1864, Austria y Prusia estubieron aliadas en la Guerra de los Ducados. Pero en 1866, Francisco José fue derrotado en la Guerra de las Siete Semanas, contra la misma Prusia y el Reino de Italia con el que perdió el Véneto; debilitado, se vio obligado además a ceder ante la presión del nacionalismo húngaro, transformando su reino en el Imperio Austro-Húngaro, una monarquía dual donde el elemento magiar quedaba reconocido en pie de igualdad con el elemento germánico (1867).

El imperio Austro-Húngaro.

En 1871 la Casa de Habsburgo asistió impotente a la unificación de Alemania bajo la hegemonía de Prusia, que liquidó la Confederación Germánica y excluyó del nuevo Imperio Alemán a Austria-Hungría. En 1889 Francisco José perdió a su único hijo y heredero, el archiduque Rodolfo, que se suicidó en Mayerling bajo la doble presión de un matrimonio desgraciado y un entorno hostil a sus ideas políticas francófilas, liberales y federalistas.

Las tensiones nacionalistas continuaron en el interior de la monarquía dual, alimentadas por la marginación de los pueblos eslavos; dichas tensiones condujeron a Austria a declarar la guerra a Serbia tras el asesinato en Sarajevo del nuevo heredero del Trono, el Archiduque Francisco Fernando (sobrino del emperador) por un nacionalista serbio (1914).

Aquel conflicto arrastró a Europa a la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918), durante la cual murió el emperador y fue sucedido por su nieto Carlos I (1887 - 1922). Éste fue el último emperador Habsburgo, pues la derrota en la guerra llevó al desmantelamiento del Imperio Austro-Húngaro como reclamaban los movimientos nacionalistas, en 1918.

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7. LA CASA BORBÓNICA.

La casa de Borbón empezó a reinar en España después de la Guerra de Sucesión Española.

- Reinado de Felipe V (1700-1746)

-Reinado de Fernando VI (1746-1759)

- Reinado de Carlos III (1759-1788)

- Reinado de Carlos IV (1788-1808)

- Reinado de Fernando VII (1814-1823)

- Reinado de Isabel II (1843-1868)

- Reinado de Alfonso XII (1875-1885)

- Reinado de Alfonso XIII(1886-1931)

- Reinado de Juan Carlos I (1975)

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FELIPE V (Versalles, Francia, 19 de diciembre de 1683 - Madrid, 9 de julio de 1746) Rey de España (1700-1746).

Segundo hijo del gran delfín Luis de Francia y de María Ana Cristina de Baviera, fue designado heredero de la Corona de España por el último rey español de la dinastía de los Habsburgo, Carlos II.

La coronación de Felipe de Anjou en 1700 supuso el advenimiento de la Dinastía Borbón al trono español. En su primera etapa, el reinado de Felipe V estuvo tutelado por su abuelo, Luis XIV de Francia, a través de una camarilla de funcionarios franceses encabezada por la princesa de los Ursinos. Esta circunstancia indignó a la alta nobleza y la oligarquía españolas y creó un clima de malestar que se complicó cuando el archiduque Carlos de Austria comenzó a hacer efectivas sus pretensiones a la Corona española, con el apoyo de los antiguos reinos de la Corona de Aragón, pues los catalanes mantenían su resentimiento hacia los franceses a raíz de la pérdida del Rosellón y la Cerdeña transpirenaicos.

Tras contraer matrimonio con Maria Luisa Gabriela de Saboya, Felipe marchó a Nápoles en 1702 para combatir a los austríacos. Poco después regresó a España para hacer frente a los ataques de la coalición angloholandesa que apoyaba al archiduque austriaco y que precedieron al estallido de la Guerra de Sucesión Española (1704).

El largo conflicto internacional adquirió en España un carácter de guerra civil en la que se enfrentaron las antiguas Coronas de Castilla y Aragón. En 1707, la situación se tornó crítica para el soberano español, dado que, si bien había obtenido algunas victorias importantes, perdió el apoyo de Luis XIV, quien hubo de retirarse de la contienda a raíz de los reveses sufridos en el continente. Sin embargo, al margen de las alternativas en el campo de batalla, la muerte del emperador austriaco José I y la coronación del archiduque pretendiente como Carlos VI de Austria en 1711 dieron un vuelco radical a las cosas. Si el origen del conflicto había sido el peligro de una unión de Francia y España, a pesar de la cláusula que lo impedía en el testamento de Carlos II, la nueva situación dio lugar a que británicos y holandeses dejaran de apoyar a Austria, también por razones geoestratégicas, y negociaran con España los tratados de Utrecht, de 1713, y de Rastadt, del año siguiente, por los que Felipe V cedía su soberanía sobre las Provincias Unidas, Menorca, Gibraltar, la colonia de Sacramento y otras posesiones europeas, al tiempo que renunciaba a sus derechos sucesorios en Francia, a cambio de lo cual era reconocido como rey de España. Los catalanes, que entretanto habían proseguido la guerra en solitario, capitularon finalmente en 1715.

El monarca emprendió entonces una profunda reforma administrativa del Estado de carácter centralista, cuyas líneas más significativas fueron el fortalecimiento del Consejo de Castilla con los Decretos de Nueva Planta.

Fueron cuatro decretos, afectando sobre todo a la Corona de Aragón, por el que disolvía sus principales instituciones, incluyendo las Cortes de Aragón y reducía al mínimo su autonomía. Con estos decretos toda la independencia de los antiguos reinos medievales desaparecieron. Asi Felipe V dejo de usar los titulos de rey de Castilla y Aragón por separado y paso a usar solo el de Rey de España.

Tras enviudar, casó enseguida con Isabel de Farnesio, quien se convirtió en su principal consejera y, tras apartar al grupo francés, tomó las riendas del poder con el propósito de asegurar el futuro de sus hijos, Carlos y Felipe. A través del cardenal Alberoni, promovió las campañas de Italia y de los Pirineos con la intención de recuperar los territorios perdidos a raíz de la guerra, pero la intervención británica impidió su propósito.

En 1723, a la muerte del regente francés, Felipe V abdicó en favor de su hijo Luis con la esperanza de reinar finalmente en Francia. Sin embargo, la muerte de Luis I ese mismo año a causa de la viruela lo llevó de nuevo al trono español. Esta segunda etapa de su reinado estuvo señalada por el avance de su enfermedad mental y el control que su esposa ejercía sobre los asuntos del reino. Las guerras de Sucesión de Polonia y Austria originaron los pactos de familia con Francia de 1733 y 1743, que clarificaron el futuro de los hijos de Isabel de Farnesio, al asegurar al infante Carlos el trono de España y al infante Felipe el Milanesado, Parma y Plasencia . La ocupación de este territorio suscitó el bloqueo naval por parte de Gran Bretaña, cuyas graves consecuencias económicas para España no llegó a ver el rey Felipe.

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FERNANDO VI (*Madrid, 1713. †Villaviciosa de Odón, 1759), Rey de España (1746-1759). Segundo hijo de Felipe V y de su primera esposa Maria Luisa de Saboya.

Fernando VI sufrió de problemas mentales, los cuales se agravaron tras la muerte de su mujer, Bárbara de Braganza en 1758. Ambos esposos estaban muy unidos afectivamente, compartiendo la pasión por la música. No tenían hijos, ni ambiciones de expansión política, por lo que buscó una política de estricta neutralidad.

Comenzó su reinado eliminando la influencia de la reina viuda Isabel de Farnesio y de su grupo de cortesanos italianos. Sólo conservó al marqués de La Ensenada como secretario de Hacienda, Marina e Indias. El contrapeso en el gobierno del marqués de la Ensenada, francófilo, era el secretario de Estado José de Carvajal y Lancaster, de tendencia anglófila. La pugna entre ambos terminó en 1754, al morir Carvajal y caer Ensenada, pasando Ricardo Wall a ser el nuevo hombre fuerte de la monarquía.

Cuando llegó al trono, España se encontraba en guerra (Guerra de Sucesión de Austria), que terminó al poco tiempo (paz de Aquisgrán, 1748) sin ningún beneficio para España (y la carga de conceder a los ingleses el asiento para el comercio de esclavos negros con las Indias). Desde entonces, y durante todo el reinado, la obsesión fue mantener esta neutralidad a toda costa, la cual permitió concentrarse sobre la reconstrucción económica y financiera del país. De esta forma, mejoraron los ingresos de la Hacienda Real y, al mismo tiempo, se aligeró la presión fiscal, facilitando la recuperación económica, así como la reconstrucción de la Marina. Su reinado se caracterizó también por un florecimiento cultural: creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1752) y de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País.

En agosto de 1758 falleció la reina en Aranjuez, lo que produjo un agravamiento en la salud del rey, hasta llegar a un alto grado de locura. Se recluyó en el palacio de Villaviciosa hasta su muerte, ocurrida en 1759, justo al año de la muerte de su esposa.

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CARLOS III Rey de Nápoles (1734-59) y de España (1759-88), perteneciente a la Casa de Borbón (Madrid, 20 de enero de 1716 - 14 de diciembre de 1788).

Era el tercer hijo varón de Felipe V, el primero que tuvo con su segunda mujer, Isabel de Farnesio, por lo que fue su hermanastro Fernando VI de España quien sucedió a su padre en el trono español a su muerte. Carlos sirvió a la política familiar como una pieza en la lucha por recuperar la influencia española en Italia: heredó inicialmente de su madre los ducados de Parma, Piacenza y Toscana (1731); pero más tarde, al conquistar Nápoles y Sicilia Felipe V en el curso de la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1735), pasó a ser rey de aquellos territorios con el nombre de Carlos VII. La muerte sin descendencia de Fernando VI, sin embargo, hizo recaer en Carlos la Corona de España, que pasó a ocupar en 1759, dejando el trono de Nápoles a su tercer hijo, Fernando IV.

Superado el motín de Esquilache (1766), fundamentalmente un estallido tradicionalista instigado por la nobleza y el clero contra los aires renovadores que traía Carlos III, se extendería un reinado largo y fructífero. En cuanto a la política exterior, el tercer Pacto de Familia firmado con Francia en 1761 alineó a España con Francia en su conflicto permanente con Gran Bretaña. Ello llevó a España a intervenir en la Guerra de los Siete Años (1756-63) y en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América (1775-83); como resultado final de ambas, España recuperó Menorca, pero no Gibraltar (al fracasar el asedio realizado entre 1779 y 1782).

A partir de entonces, las dificultades financieras obligaron a volver a la política «pacifista» del reinado de Fernando VI, mientras se ensayaban diversas mejoras en la Hacienda Real, como la emisión de vales reales (primer papel moneda) o la creación del Banco de San Carlos (primer banco del Estado).

En la línea del despotismo ilustrado propio de su época, Carlos III realizó importantes reformas -sin quebrar el orden social, político y económico básico- con ayuda de un equipo de ministros y colaboradores ilustrados como Esquilache, Aranda, Campomanes, Floridablanca, Wall y Grimaldi. Reorganizó el poder local y las haciendas municipales, poniéndolos al servicio de la Monarquía. Puso coto a los poderes de la Iglesia, recortando la jurisdicción de la Inquisición y limitando -como aconsejaban las doctrinas económicas más modernas- la adquisición de bienes raíces por las «manos muertas»; en esa pugna por afirmar la soberanía estatal expulsó de España a los jesuitas en 1767.

Fomentó la colonización de territorios despoblados, especialmente en la zona de Sierra Morena, donde las «Nuevas Poblaciones» contribuyeron a erradicar el bandolerismo, facilitando las comunicaciones entre Andalucía y la Meseta. Reorganizó el ejército, al que dotó de unas Ordenanzas (1768) destinadas a perdurar hasta el siglo XX. Creó la Orden de Carlos III para premiar el mérito personal, con independencia de los títulos heredados. Protegió las artes y las ciencias; apoyó a las Sociedades Económicas de Amigos del País, en donde se agrupaban los intelectuales más destacados de la Ilustración española; sometió las universidades al patronazgo real y creó en Madrid los Estudios de San Isidro (1770) como centro moderno de enseñanza media destinado a servir de modelo; también las Escuelas de Artes y Oficios, que han perdurado hasta el siglo XX. Creó manufacturas reales para subvenir a las necesidades de la monarquía (cañones, pólvora, armas blancas, cristal, porcelana...), pero también para estimular en el país una producción industrial de calidad. En esa misma línea, impulsó la agricultura (decretando el libre comercio de granos y organizando cultivos experimentales en las huertas reales de Aranjuez) y el comercio colonial (formando compañías como la de Filipinas y liberalizando el comercio con América en 1778).

Cuando el rey murió en 1788 terminó la historia del reformismo ilustrado en España, pues el estallido casi inmediato de la Revolución Francesa al año siguiente provocó una reacción de terror que convirtió el reinado de su hijo y sucesor, Carlos IV, en un periodo mucho más conservador. Enseguida, la invasión francesa arrastraría al país a un ciclo de revolución y reacción que marcaría el siglo siguiente, sin dejar espacio para continuar un reformismo sereno como el que había desarrollado Carlos III.

Entre los aspectos más duraderos de su herencia quizá haya que destacar el avance hacia la configuración de España como nación, a la que dotó de algunos símbolos de identidad (como el himno y la bandera) e incluso de una capital digna de tal nombre, pues se esforzó por modernizar Madrid (con la construcción de paseos y trabajos de saneamiento e iluminación pública) y engrandecerla con monumentos (de su época datan la Puerta de Alcalá, el Museo del Prado -concebido como Gabinete de Historia Natural- o la inauguración del nuevo Jardín Botánico, en sustitución del antiguo de Migas Calientes) y con edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente administración pública. El impulso a los transportes y comunicaciones interiores (con la organización del Correo como servicio público y la construcción de una red radial de carreteras que cubrían todo el territorio español convergiendo sobre la capital) ha sido, sin duda, otro factor político que ha actuado en el mismo sentido, acrecentando la cohesión de las diversas regiones españolas.

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CARLOS IV de España (Portici, Nápoles, 1748 - Roma, 1819) Rey de España.

Sucedió a su padre, Carlos III, al morir éste en 1788. Fue un rey poco inclinado a los asuntos de gobierno, que dejó en gran medida en manos de su esposa María Luisa de Parma y del amante de ésta, Manuel Godoy. A la muerte de Carlos III, el empeoramiento de la economía y el desbarajuste de la administración revelan los límites del reformismo, al tanto que la Revolución Francesa pone encima de la mesa una alternativa al Antiguo Régimen. Conforme llegan las noticias de Francia, el nerviosismo de la corona crece y acaba por cerrar las Cortes que, controladas por Floridablanca (mantenido en el poder por consejo de su padre), se habían reunido para reconocer al Príncipe de Asturias. El aislamiento parece ser la receta para evitar la propagación de las ideas revolucionarias a España. Se pone fin a los proyectos reformistas del reinado anterior y los sustituyó por el conservadurismo y la represión (fundamentalmente a manos de la Inquisición, que detiene a Cabarrús, destierra a Jovellanos y despoja de sus cargos a Campomanes).

La actitud vacilante de Floridablanca ante los sucesos de Francia y su incapacidad para neutralizar la propaganda revolucionaria francesa en España trae como consecuencia su relevo del poder en febrero de 1792, y su posterior encarcelamiento. Es sustituido por su poco amigo el Conde de Aranda, ex primer ministro de Carlos III, amigo de Voltaire y de otros revolucionarios franceses, a quien el rey encomienda la difícil papeleta de salvar la vida del rey Luis XVI de Francia. El Conde de Aranda intenta unas buenas relaciones con Francia, al tiempo que relaja las leyes de prensa, pero su política apaciguadora muy pronto demostró ser un fracaso. En agosto de 1792 el rey francés fue encarcelado y quedó proclamada la República. En estas circunstancias, el 15 de noviembre de 1792 se produce la destitución del Conde de Aranda y su substitución por Manuel Godoy.

Desde 1792, además, el desarrollo de los acontecimientos en Francia condicionó la política internacional en toda Europa y arrastró también a España: tras la ejecución de Luis XVI por los revolucionarios, España rompe, por primera vez en noventa años, su alianza con Francia y participa, junto a las restantes monarquías europeas, en la Guerra de la Convención (1794-95), en la que resultó derrotada por la Francia republicana, fruto del desastroso abastecimiento, la pésima preparación del ejército y la escasa moral de la tropa frente a los enardecidos sans culottes franceses. Las tropas revolucionarias entran en Cataluña y Guipúzcoa.

Presionado por los avances franceses, Godoy cambia el signo de la política exterior, pactando una paz separada con Francia (tratado de Basilea), por el que a cambio de la retirada del suelo español, los franceses obtienen la colonia de Santo Domingo. La alianza con Francia va más allá, mediante los dos tratados de San Ildefonso (1796 y 1800). Los intereses coloniales y el miedo a las apetencias de Gran Bretaña pesan más que el regicidio. En consecuencia, España colaboró con Francia en su guerra contra Inglaterra de 1796-1797, de nuevo en 1801 atacando a Portugal (Guerra de las Naranjas, que proporcionó a España la población de Olivenza) y, por último, en 1805, poniendo la flota española a disposición de Francia para enfrentarse a Gran Bretaña en la batalla de Trafalgar (en la que se perdió la escuadra). Con tal sucesión de guerras se agravó hasta el extremo la crisis de la Hacienda; y los ministros de Carlos IV se mostraron incapaces de solucionarla, pues el temor a la revolución les impedía introducir las necesarias reformas, que hubieran lesionado los intereses de los estamentos privilegiados, alterando el orden tradicional.

Esa descomposición de la Monarquía se agudizó tras el Motín de Aranjuez (1808), por el que el príncipe heredero, Fernando VII, eliminó a Godoy del gobierno, apartó a su padre del Trono y se puso finalmente en su lugar. Carlos llamó entonces en su auxilio a Napoleón, con quien había acordado poco antes dejar paso libre a las tropas francesas para invadir Portugal y luego repartírselo entre ambos (mediante el pacto de Fontainebleau); pero, aprovechando la debilidad de los Borbones españoles, Napoleón prefirió ocupar también España (dando comienzo la Guerra de la Independencia, 1808-1814) y se llevó a la familia real a Bayona (Francia); allí hizo que Fernando devolviera la Corona a Carlos, que a su vez se la cedió a Napoleón -como le había prometido-, para que éste terminara por entregarla a su hermano José, que reinaría como José I.

Carlos permaneció prisionero de Napoleón hasta la derrota final de éste en 1814; pero en aquel año fue Fernando VII el repuesto en el Trono español, manteniendo a su padre desterrado por temor a que le disputara el poder. Carlos y su esposa murieron exiliados en la corte papal.

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FERNANDO VII de España (San Lorenzo del Escorial Madrid, 14 de octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833). Rey de España, hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma.

Fernando de Borbón creció aborreciendo a su madre y al favorito de ésta, Manuel Godoy. Ya desde muy joven, Fernando había conspirado en contra de sus padres los reyes y de Godoy, alentado por su preceptor, el canónigo Escoiquiz. En torno al joven Príncipe de Asturias se había formado un nucleo opositor formado por miembros de la alta nobleza que perseguían la caída de Godoy. En 1807 se lleva a cabo la primera conspiración. Debido a una delación, el motín es descubierto y Fernando juzgado en lo que se denomina Proceso de El Escorial. El príncipe denuncia a todos sus colaboradores y pide perdon a sus padres. El tribunal, en manos de partidarios de la conspiración absuelve a todos los implicados.

Poco después, en marzo de 1808, ante la presencia de tropas francesas en España (dudosamente respaldadas por el Tratado de Fontainebleau), la corte se traslada a Aranjuez, como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a América si la intervención francesa así lo requiriera. El día 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asalta el palacio del Príncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregla para salvar la vida de su favorito, es obligado a abdicar en su hijo el día 18 de marzo. Estos hechos son los que se conocen como Motín de Aranjuez.

Fernando vuelve a la corte, donde es aclamado por el pueblo de Madrid. Sin embargo, las tropas francesas al mando del general Murat han ocupado Madrid el día anterior (23 de marzo). El depuesto rey y su esposa se ponen bajo la protección de Napoleón y son custodiados por las tropas de Murat. Al mismo tiempo, Napoleón invita al rey Fernando a reunirse con él, a lo que accede con la esperanza de que el emperador le reconozca y respalde como rey de España. Aunque en un principio la reunión iba a tener lugar en España, finalmente acude a Bayona. El 20 de abril pasa la frontera. Aunque él aún no lo sabía, es el inicio de un exilio que duraría seis años. En el ínterim, Napoleón se las había arreglado para conseguir la liberación de Godoy y llevarlo a Bayona. Ante la perspectiva de reunirse con su favorito, solicitan acudir también a Bayona. Escoltados por tropas francesas, llegan a Bayona el 30 de abril. Mientras, en Madrid, el pueblo se ha levantado en armas contra los franceses. Los hechos del 2 de mayo de 1808 marcan el comienzo de la Guerra de la Independencia Española.

La situación en Bayona adquiere el aspecto de una ópera bufa. Carlos IV afirma que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez es nula y exigiendo la devolución de sus derechos. Al mismo tiempo, ha cedido estos derechos a Napoleón a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y el favorito Godoy así como una sustancial pension (30 millones de reales anual). En un sentido literal, se disponía a vender España a Napoleón. Cuando llegan a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón ordena a Fernando VII reconocer a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, acepta. Es el 5 de mayo de 1808. La corona de España, pues, recae en Napoleón, el cual se la cede a su hermano, José Bonaparte, que reinaría en España como Jose I. Todo este complicado acto de traspasos de la corona española se conoce como Abdicaciones de Bayona.

Las abdicaciones de Bayona no constituyeron únicamente un cambio dinástico. En una proclama a los españoles el 25 de mayo, Napoleón proclama que España se encuentra frente a un cambio de régimen, con los beneficios de una Constitución sin necesidad de una revolución previa. A continuación, Napoleón convoca en Bayona una asamblea de notables españoles, laJunta española de Bayona. Aunque la asamblea es un fracaso para Napoleón (sólo acuden 75 de los 150 notables previstos), en nueve sesiones debaten el proyecto de constitución preparado por Napoleón y, con escasas rectificaciones, aprueban en julio de 1808 la Constitución de Bayona (que realmente era un Estatuto, al no emanar de aquellos a quienes iba dirigida).

Mientras tanto, Fernando había visto como Napoleón ni siquiera se molestó en cumplir su acuerdo e interna al antiguo soberano, junto con su hermano Carlos y su tío Antonio, en el castillo de Valençay (propiedad de Talleyrand), un pueblo de unos 2000 habitantes en el centro de Francia, a unos 300 kilómetros de París. Fernando permanecería en Valençay hasta el final de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, sus condiciones de cautiverio no fueron muy severas. Talleyrand se quejaría de que le habían estropeado el tejado a causa del gran número de fuegos artificiales para celebrar las victorias de Napoleón o su cumpleaños. Hubo incluso que construir un nuevo salón de baile para hacer frente a la gran cantidad de bailes dados.

Sin embargo, la condición de prisionero de Napoleón creó en Fernando el mito del Deseado, víctima inocente de la crueldad napoleónica. Incluso las Cortes de Cádiz, que redactan y aprueban la Constitución de 1812 no cuestionan la persona del soberano y declaran como único y legítimo rey de la nación española a don Fernando VII de Borbón.

En julio de 1812, el duque de Wellington, al frente de un ejército anglohispano y operando desde Portugal, derrota a los franceses en Arapiles, expulsándoles de Andalucía y amenazando Madrid. Si bien los franceses contraatacan, una nueva retirada de tropas franceses de España tras la catastrófica campaña de Rusia a comienzos de 1813 permite a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a José Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial. José I deja el país. Napoleón se apresta a defender su frontera sur hasta poder negociar con Fernando VII una salida.

A cambio de su neutralidad en lo que quedaba de guerra, Fernando VII recupera su corona (comienzos de 1814) y pacta la paz con Francia. También acuerda el perdón de los partidarios de José I, los afrancesados. Este acuerdo se conoce como Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813). Aunque el tratado no es finalmente ratificado, Fernando VII es liberado y regresa a España en marzo de 1814. Cruza la frontera el 24 de marzo. Llega el momento de la verdad respecto a la Constitución de 1812. De acuerdo con los decretos de las cortes, no se reconocería por libre al rey, ni por tanto, se le prestaría obediencia hasta que [...] preste el juramento prescrito por el artículo 173 de la Constitución. Fernando VII se niega a seguir el camino marcado por la Regencia y entra en Valencia el 16 de abril. Ahí le esperaban dos personas: un representante de la Regencia con el texto de la constitución y un diputado absolutista con un manifiesto absolutista firmado por 69 diputados. Era el llamado Manifiesto de los Persas. El 17 de abril, el general Elío invita al monarca a recobrar sus derechos, poniendo sus tropas a disposición del monarca y realizando el que es probablemente el primer pronunciamiento de la historia de España.

El 4 de mayo de 1814, Fernando VII promulga un decreto que declara nulo y sin efecto alguno toda la obra de las Cortes de Cádiz (...[eran] aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de enmedio del tiempo). El 5 de mayo, Fernando VII sale de Valencia y emprende una marcha triunfal hacia Madrid. El entusiasmo popular ante el retorno de el Deseado es inmenso. El régimen constitucional no es capaz de oponer resistencia. Las Cortes son disueltas el 10 de mayo de 1814.

Enmascarados los conflictos ideológicos por la Guerra de la Independencia, comienza en este punto a abrirse la brecha entre las Dos Españas que llevará a guerras civiles, dictaduras militares y golpes de estado hasta 1981.

Durante la primera etapa del reinado, entre los años 1814 y 1820, el rey restablece el absolutismo anterior siguiendo la estela de la restauración borbónica en Francia. Es un periodo de persecución de los liberales, los cuales intentan sublevarse varias veces para restablecer la Constitución. Por otra parte, a pesar de que Fernando VII había prometido respetar a los afrancesados, nada más llegar procedió a desterrar a todos aquellos que habían ocupado cargos de cualquier tipo en la administración de José I.

Durante este período, desapareció la totalidad de la prensa, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales. En el ejército fue necesario probar la pertenencia a la nobleza (con lo que se relegaba a muchos antiguos guerrilleros de la guerra). Se restableció la organización gremial y se devolvieron las propiedades confiscadas a la Iglesia.

En enero de 1820 estalla una sublevación entre las fuerzas expedicionarias que debían partir para América para garantizar la permanencia de las colonias en manos de España. Aunque este pronunciamiento, encabezado por Riego, no tiene el éxito necesario, el gobierno tampoco es capaz de sofocarlo y poco después, una sucesión de sublevaciones comienza en Galicia y se extiende por toda España. Fernando VII se ve obligado a jurar la Constitución en Madrid el 9 de marzo de 1820. Comienza así el Trienio Liberal (también conocido como Trienio Constitucional).

Durante el Trienio, se proponen medidas en contra del absolutismo y se suprimen la Inquisición y los señoríos. Sin embargo, aunque el rey fingía acatar el régimen constitucional, conspiraba secretamente para restablecer el absolutismo (Regencia de Urgel; sublevación de la Guardia Real en julio de 1822, sofocada por la Milicia Urbana de Madrid). Finalmente, es la intervención del ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo los auspicios de la Santa Alianza, lo que reestablece la monarquía absoluta en España (octubre de 1823). Se eliminan todos los cambios del Trienio Liberal, tales como los privilegios de los señoríos y mayorazgos, con la única excepción de la supresión de la Inquisición.

Se inica así su última época de reinado, la llamada Década Ominosa (1823-1833), en la que se produce una durísima represión contra los elementos liberales, acompañada del cierre de periódicos y universidades al tiempo que se registran levantamientos absolutistas instigados por el clero y por los partidarios del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando, que se perfilaba como sucesor. Al tiempo, se consuma la práctica desaparición del imperio español. La mayor parte de las colonias americanas (con la excepción de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo) se independizan. Sólo las islas caribeñas, junto con Filipinas, las Marianas y las Carolinas, en el Pacífico, permanecerán bajo el dominio de España.

Fernando VII estuvo casado varias veces: con María Antonia de Nápoles, con Isabel de Portugal y con María Josefa Amalia de Sajonia, sin obtener descendencia. En 1829 casa en cuartas nupcias con su sobrina María Cristina de Borbón Dos Sicilias. El 31 de marzo de 1830 promulga la Pragmática Sanción, aprobada el 30 de septiembre de 1789, en tiempos de Carlos IV pero que no se había hecho efectiva por razones de política exterior. La Pragmática establecía que si el rey no tenía heredero varón, heredaría la hija mayor. Esto excluía, en la práctica, al infante Don Carlos María Isidro de la sucesión, por cuanto fuera niño o niña quien naciera sería el heredero directo del rey. De esta forma, su hija Isabel (la futura Isabel II), nacida poco después, se veía reconocida como heredera de la corona, con gran disgusto de los partidarios de don Carlos, el hermano del rey.

En 1832, hallándose el rey enfermo de gravedad en La Granja, los partidarios del infante intentaron en vano que hiciera testamento en favor de don Carlos. Fracasado el intento, don Carlos marchó a Portugal. Entre tanto, Maria Cristina, nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas tenía tres años en ese momento), inició un acercamiento hacia los liberales y concedió una amplia amnistía para los liberales exiliados, prefigurando el viraje político hacia el liberalismo que se produciría a la muerte del rey. Fernando muere en 1833. El infante don Carlos, junto a otros realistas, crea el carlismo y empieza la Primera Guerra Carlista, considerando que el legítimo heredero es el hermano del rey y no su hija.

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ISABEL II de España o de Borbón, nacida en Madrid el 10 de octubre de 1830 y muerta en Paris el 10 de abril de 1904, fue Reina de España entre 1833 y 1868.

Hija del Rey Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Nápoles, Isabel asumió el trono de España el 29 de septiembre de 1833 después de la muerte de su padre, cuando ella tenía menos de tres años de edad. Su nacimiento y posterior ascensión al trono provocó el inicio de un largo conlicto, pues su tío, Carlos María Isidro de Borbón, hasta entonces heredero de la corona, no aceptó el que Isabel fuera nombrada primero princesa de Asturias y luego Reina.

Durante los primeros años de su reinado, mientras que Isabel era una niña, la regencia fue asumida por su madre hasta 1840. En ese periodo tuvo lugar la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Desde 1840 y hasta 1843 fue regente el general Espartero.

Con trece años Isabel fue declarada mayor de edad. Cuando la Reina tenía 16 años, el gobierno arregló su matrimonio con su primo, el Príncipe Francisco de Asis. Tuvieron nueve hijos, algunos de los cuales murieron al nacer. Sin embargo, había muchos rumores de que el Príncipe Francisco no era el padre de algunos de los niños.

Isabel II reinó durante un período de transición en España en el que la monarquía cedio más poder político al parlamento. También, durante su reinado muchas de las colonias españolas que quedaban en Latinoamérica obtuvieron su independencia. La Reina interfería con frecuencia en la política de la nación, lo que la hizo impopular entre los políticos. Muchas veces, varios miembros del gobierno, buscando más poder, la manipulaban.

La Reina se exilió en Francia en 1868 y allí abdicó en su hijo Alfonso XII el 25 de junio de 1870. Con el apoyo de varios grupos en el gobierno, Amadeo de Saboya, miembro de la familia real italiana, fue elegido su sucesor como el Rey Amadeo I de España.

Isabel vivió el resto de su vida en Francia, donde fue testigo de la Primera República, del reinado y muerte de su hijo Alfonso XII en 1885, y del inicio del reinado de su nieto Alfonso XIII tras la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena. Fue enterrada en el Monasterio de El Escorial frente a su esposo, muerto en 1902.

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ALFONSO XII, el Pacificador (Madrid, 28 de noviembre de 1857-25 de noviembre de 1885) Rey de España entre 1875 y 1885.

Hijo de la reina Isabel II y de Francisco de Asís de Borbón. Siendo aún un niño su madre es destronada y son obligados a exiliarse, por lo que se educa en varias ciudades europeas como París, Viena y Sandhurst (Inglaterra).

En 1874 caída la primera república, Cánovas del Castillo le hace firmar un manifiesto por el que opta subir al trono de una monarquía "parlamentaria". En 1875 llega a España y toma posesión como el nuevo Rey de España.

Su reinado consiste principalmente en restaurar la monarquía y el país arreglando todas las luchas internas que los años del llamado sexenio revolucionario dejó tras de sí, ganándose el apodo de "el Pacificador". También aprobó la nueva Constitución de 1876.

En noviembre de 1885 muere de tuberculosis en Madrid.

Se casó dos veces, con su prima María de las Mercedes de Orleans (en 1878), muriendo ésta unos meses después, y con María Cristina de Habsburgo-Lorena (en 1879), sobrina del emperador Francisco José. Sus tres hijos fueron fruto de su segundo matrimonio, naciendo el hijo varón (el futuro Alfonso XIII) después de su muerte. Su viuda María Cristina fue regente de España hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso.

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ALFONSO XIII (Madrid, 17 de mayo de 1886 - Roma, 28 de febrero de 1940) fue el hijo póstumo de Alfonso XII y de María Cristina de Habsburgo-Lorena. Fue proclamado rey a su nacimiento y reinó hasta 1931. Su madre ejerció la regencia durante la minoría de edad del rey. En 1902, al cumplir los 16 años, el Rey asumió sus poderes de gobierno.

El 31 de mayo de 1906, se casó con la princesa escocesa Victoria Eugenia de Battenberg (1887-1969), sobrina del rey Eduardo VII y nieta de la reina Victoria de Inglaterra.
Ena, como se le conocia, Alteza Serenísima por nacimiento, fue elevada al rango de Alteza Real un mes antes de su matrimonio para evitar que la unión fuera considerada desigual o morganática.

Cuando Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia regresaban al palacio real, después de la boda, sufrieron un atentado mediante una bomba lanzada por el anarquista Mateo Morral, frente al número 88 de la calle Mayor, de Madrid, del que salieron ilesos por muy poco. Como consecuencia de la explosión murieron o resultaron heridas muchas personas que contemplaban el paso del cortejo así como miembros del séquito real.

La pareja real tuvo siete hijos: Alfonso Pío Cristino Eduardo (1907-1938), nació hemofílico y renunció a sus derechos al trono en 1936 para contraer matrimonio con una plebeya, siendo nombrado Conde de Covadonga; Jaime Leopoldo Isabelino Enrique (1908-1975), sordomudo como consecuencia de una operación en su infancia, renunció a sus derechos al trono en 1933, nombrado Duque de Segovia y más tarde Duque de Madrid, y que como legitimista, prendiente al trono de Francia desde 1941 a 1975, fue conocido como Duque de Anjou; Beatriz Isabel Federica Alfonsa Eugenia (1909-2002); un niño nacido muerto (1910); María Cristina Teresa Alejandra (1911-1996); Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso (1913-1993), nombrado heredero del trono y Conde de Barcelona y por último Gonzalo Manuel María Bernardo (1914-1934), nacido hemofílico.

El rey tuvo tambien tres hijos fuera del matrimonio, Roger Leveque de Vilmorin (1905-1980), con la aristócrata francesa Mélanie de Gaufridy de Dortan; Leandro Alfonso Ruiz Moragas (nacido en 1929), reconocido oficialmente por la corte española el 21 de mayo de 2003 como Leandro Alfonso de Borbón Ruiz, hijo del rey, y su hermana Ana María Teresa Ruiz Moragas. La madre de ambos hermanos fue la actriz española Carmen Ruiz Moragas.

Durante su reinado España, tras la intervención de los Estados Unidos en la guerra colonial, perdió sus últimas colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, durante el conocido como Desastre del 98. Guerras en la zona norte de Marruecos, especialmente en la parte próxima a Melilla, contra los rifeños.
Revueltas sociales en las principales ciudades españolas , tienen lugar en 1909 en Barcelona los hechos conocidos como Semana trágica .
Reactivación de la Guerra de Marruecos con hechos como el conocido como Desastre de Annual, que obligan a replantearse la política colonial en la zona.
Tras el desembarco de Alhucemas, (1925) se pacifica la zona norte de Marruecos.
Entre los años de 1923 a 1930 tuvo lugar la dictadura de Primo de Rivera.
Cuando se proclamó la Segunda República en 1931, abandonó el país sin una abdicación formal.
Murió en el exilio en Roma, despues de legar sus derechos sucesorios a su cuarto hijo, aunque segundo superviviente, Juan de Borbón, Conde de Barcelona, padre del actual rey de España Juan Carlos I.
El Conde de Barcelona renunció a sus derechos al trono en 1977, en favor de su hijo Juan Carlos, que había sido nombrado rey en 1975, a la muerte de Franco, en virtud de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947. Con la renuncia a sus derechos por parte del Conde de Barcelona se recupera la legitimidad de la monarquía histórica, tal como recoge el artículo 57 de la Constitución española.

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JUAN CARLOS I Alfonso Víctor María de Borbón y de Borbón es el actual Rey de España.

Nieto de Alfonso XIII e hijo de Juan de Borbón, Conde de Barcelona, nació en Roma, Italia el 5 de enero 1938, donde estaba exiliada su familia desde su salida de España tras la proclamación de la II República.

En la entrevista de 25 de agosto de 1948 entre Franco y el Conde de Barcelona se acuerda que el Príncipe se traslade a España para cursar aquí sus estudios.

Según lo acordado, cursó en Madrid el bachillerato. Posteriormente realizó su instrucción militar en la Academia General Militar de Zaragoza (1955-1957), en la Escuela Naval Militar de Marín en Pontevedra (1957-1958) y finalmente en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia) (1958-1959).

En 1962 se casó con Sofía de Grecia, la cual mantenía, junto con el entonces príncipe Juan Carlos, una relación familiar buena con Franco. Con Sofía de Grecia ha tenido tres hijos: Elena y Cristina, infantas de España (que ya le han dado cinco nietos); y Felipe, Príncipe de Asturias y heredero al trono.

En virtud de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 26 de julio de1947, fue propuesto por Franco como su sucesor a título de Rey, lo cual fue ratificado por las Cortes en julio de 1969, ante las cuales juró su nombramiento y la defensa de las Leyes Fundamentales.

Asumió interinamente la Jefatura del Estado durante el franquismo (19 de julio a 2 de septiembre de 1974 y 30 de octubre a 20 de noviembre de 1975), por enfermedades de Franco. Tras la muerte de éste, fue proclamado Rey de España el 22 de noviembre de 1975.

El 14 de mayo de 1977 el Conde de Barcelona, resignó sus derechos dinásticos históricos y la jefatura de la Casa Real en la persona de Juan Carlos, una vez que hubo constatado el compromiso de éste en la instauración de la democracia. Con esta renuncia se reanudaba la dinastía histórica.

Durante su reinado se aprobó la Constitución Española (28 de diciembre 1978) que definiendo las funciones del rey, suprime los poderes ejecutivos otorgados por el franquismo y convierte al rey en un monarca parlamentario al uso en Europa Occidental.

De este modo, son atribuciones constitucionales del rey: sancionar y promulgar las leyes, disolver las Cortes y convocar elecciones, proponer y nombrar al candidato a la Presidencia del Gobierno, ejercer la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas, simbolizar la unidad del Estado y arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones.

Uno de los momentos más graves a los que ha tenido que hacer frente el rey Juan Carlos I fue el intento de golpe de estado de 23 de febrero de 1981, el conocido como "23-F".
Ese día, durante la investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo, se produjo la toma del Congreso de los Diputados por parte de fuerzas de la Guardia Civil al mando del teniente coronel Antonio Tejero. Simultáneamente en la Capitanía General de la VI Región Militar (Valencia) el teniente general Jaime Milans del Bosch ocupó las calles de la ciudad con tanques y hubo diversos conatos en otros puntos, tales como la toma de los estudios de Televisión Española en Prado del Rey (Madrid).

La intervención de Juan Carlos I desautorizando el golpe, frenó la insurrección y contribuyó a aumentar su carisma entre sectores políticos que hasta entonces no eran muy afines a la forma de gobierno monárquica.

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8. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA.

La Guerra de la Independencia española (en la literatura inglesa, Guerra Peninsular) fue un conflicto armado que, entre 1808 y 1814, convulsionó la Península Ibérica como consecuencia de la entrada de las tropas napoleónicas en España con la excusa de invadir Portugal. El levantamiento contra el invasor fue espontáneo y popular y tiene fechado su inicio el 2 de mayo de 1808, cuando el alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, redacta un oficio informativo llamando a las armas para acudir en socorro del rey, Fernando VII, que estaba retenido por Napoleón.

Antecedentes.

Durante los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX, Napoleón había hecho y desecho en España cuanto quiso, amparándose en la debilidad de los reyes y primeros ministros del país. Sin embargo, a finales de 1807, Napoleón decidió que la débil monarquía de Carlos IV era ya de muy escasa utilidad y que sería mucho más conveniente para sus designios la creación de un estado satélite. Aprovechando los sucesos derivados del motín de Aranjuez y el hecho de que tropas francesas al mando de Murat habían ya ocupado el norte de España (amparándose en el Tratado de Fontainebleau), Napoleón forzó la cesión de la corona española a su hermano, José Bonaparte, como José I (Abdicaciones de Bayona))

Ante la parálisis de la administración borbónica, descabezada y con órdenes de cooperar con los franceses, es el pueblo el que toma en sus manos la lucha contra el invasor, siendo conducido por notables locales cuyos intereses, más allá de la lucha por la "independencia", se encuentran en peligro por las medidas "revolucionarias" que podría emprender el nuevo rey, con su reducido nucleo de afrancesados. De esta forma, se unen en una extraña amalgama los exhortos a la "nación soberana", como forma de deslegitimar el cambio dinástico, y la lucha por la "independencia, con los temores de las clases pudientes a las clases populares en armas.

Tras el levantamiento popular madrileño del Dos de Mayo de 1808, se inicia una lucha contra el ejército francés y sus apoyos españoles, avivada por el resentimiento causado por la brutalidad de la represión francesa. Los motines se extienden por ambas Castillas, Andalucía, Asturias y Extremadura, los cuales tratan de ser neutralizados por la administración Bonaparte mediante ofertas a los burócratas y los asustados propietarios. Al tiempo, se trata de impulsar una legislación ilustrada, que contará naturalmente con la repulsa de la Iglesia y la aristocracia. Los afrancesados se encontrarán pronto en la imposible contradicción entre sus deseos reformistas y la brutalidad con la que el ejército francés continúa su ocupación.

Desarrollo de la guerra.

Tras los sucesos del Dos de Mayo, la sublevación de las ciudades del Ebro, Castilla y Andalucía significará un grave revés para los deseos de conquista pacífica (y con pocos costes) de Napoléon, puesto que aisla a los cuerpos expedicionarios de Portugal, Barcelona, Madrid o Vitoria. Para evitar ser copados, Napoleón exige a sus generales que eliminen la resistencia, pero los resultados no son los esperados. La victoria de Bessiers en Medina de Rioseco no acaba con la rebelión de Zaragoza, que pronto contagia a Logroño. En Cataluña, las tropas francesas son derrotadas dos veces en el Bruch, mientras que la sublevación de Gerona corta las líneas de suministro con Francia. En Andalucía, Dupont sufre la derrota de Bailén frente a las tropas, más numerosas, del general Castaños. Este triunfo obliga a evacuar Madrid y hace soñar con el rechazo definitivo de los franceses. Al mismo tiempo, Gran Bretaña ve abrirse un nuevo frente, inesperado, en su guerra contra Francia.

Sin embargo, Napoleón interviene directamente, al mando de un ejército de doscientos cincuenta mil hombres. Se trata de un ejército veterano, acostumbrado a los movimientos rápidos y a vivir sobre el terreno, que arrolla rápidamente la resistencia española y a los ejécitos ingleses desembarcados en la península. Después de la entrada del emperador en Madrid, tras la batalla de Somosierra (30 de noviembre de 1808) y la tremenda derrota de Ocaña (noviembre de 1809), la Junta Central al cargo del gobierno de la España no ocupada, abandona la Meseta para refugiarse, primero en Sevilla, y luego en Cádiz. Desde ahí, asiste indefensa a la capitulación de Andalucía y Valencia. Sólo Murcia y Huelva permanecerán independientes.

Sin un ejército digno de ese nombre con el que combatir a los franceses, los españoles inventan un sistema nuevo para luchar: la guerra de guerrillas, como único modo de desgastar y estorbar el esfuerzo de guerra francés. Se trata de grupos de poca gente, conocedores del terreno que pisan, que hostigan con rápidos golpes de mano a las tropas enemigas, para disolverse inmediatamente y desaparecer en los montes.

Como consecuencia de estas tácticas, el dominio francés no pasa de las ciudades, quedando el campo bajo el control de las partidas guerrilleras de líderes como Espoz y Mina, Jerónimo Merino, Julián Sánchez o Juan Martín El empecinado". El propio Napoleón reconoce esta inestabilidad cuando, en contra de los deseos de su hermano, teórico rey de España, pone bajo gobierno militar (francés) los territorio a la izquierda del Ebro, en una suerte de nueva marca hispánica.

La guerra en España tendrá importantes repercusiones en el esfuerzo de guerra de Napoleón. Un aparente paseo militar se había transformado en un atolladero que consumía unos contingentes elevados, preciosos para su campaña contra Rusia. La situación era en cualquier caso, tan inestable, que cualquier retirada de tropas podía conducir al desastre, como efectivamente ocurrió en julio de 1812. En esta fecha, Wellington, al frente de un ejército anglohispano y operando desde Portugal, derrota a los franceses primero en la Ciudad Rodrigo y luego en Arapiles, expulsándoles de Andalucía y amenazando Madrid: José Bonaparte se retira a Valencia. Si bien los franceses contraatacan y el rey puede entrar de nuevo en Madrid en noviembre, una nueva retirada de tropas por parte de Napoleón tras su catastrófica campana de Rusia a comienzos de 1813 permite a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a José Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial, al tiempo que Napoleón se apresta a defender su frontera hasta poder negociar con Fernando VII una salida. A cambio de su neutralidad en lo que quedaba de guerra, aquel recupera su corona (comienzos de 1814) y pacta la paz con Francia, permitiendo así al emperador proteger su flanco sur. Como no podía ser de otra forma, ni los deseos de los españoles, verdaderos protagonistas de la liberación, ni los intereses de los afrancesados que habían seguido al exilio al rey José, son tenidos en cuenta.

Consecuencias.

La firma del tratado de Valençay por la que se restituía en el trono a Fernando VII, el deseado, como monarca absoluto, fue el comienzo de un tiempo de desilusiones para todos aquellos, como los diputados reunidos en las Cortes de Cádiz, que habían creído que la lucha contra los franceses era el comienzo de la revolución española.

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9. EL SEXENIO DEMOCRÁTICO.

Se conoce por Sexenio Democrático el periodo de la historia de España transcurrido desde el triunfo de la revolución de septiembre de 1868 hasta el pronunciamiento de diciembre de 1874 que supuso el inicio de la etapa conocida como Restauración.

En la actividad política de estos años podemos advertir la participación de cuatro bloques políticos (unionistas, progresistas, demócratas y republicanos), en cuyo campo de acción intervienen también el movimiento obrero y la cuestión de Cuba, iniciada en esa época.

El proceso político de los seis años de crisis revolucionaria se puede dividir en tres etapas:

- Monarquía constitucional.
- República federal.
- República unitaria y presidencialista.

Después de estas tres etapas la situación política del país desembocarían la restauración borbónica.

La revolución de 1868.

Las causas de la revolución. España vive una coyuntura de crisis económica y política en los últimos años del reinado isabelino. Un grava crisis económica en 1866, financiera, agraria e industrial, a la que se suma el deterioro del sistema político. La crisis financiera surge cuando la baja rentabilidad del ferrocarril provoca la quiebra de numerosos bancos y empresas (de 21 bancos, cerraron 6). Por otra parte, el endeudamiento del Estado obligó a aumentar la presión fiscal.

La crisis agraria de subsistencia. La sequía y las malas cosechas provocan carestía y hambre entre la población.

La crisis industrial. El hundimiento de la industria textil en Cataluña se debió a la subida de los precios del algodón, importado de Estados Unidos en un momento de conflicto interno (la guerra de Secesión). También influyó el descenso de la demanda textil en España. La crisis política debida al deterioro político y crisis del sistema isabelino, se debe a unos gobiernos en manos de los moderados, acusados de corrupción, despotismo e inmoralidad. Fueron incapaces de solucionar los problemas de España y aceptar una alternancia en el poder con los progresistas.

También influyó la impopularidad de la reina Isabel, al rodearse en la Corte de personajes pintorescos (su confesor el padre Claret, sor Patrocinio, monja milagrera con llagas o estigmas, y de amigos del rey consorte Francisco de Asis.

Desde 1866, los progresistas y la mayoría de los moderados habían firmado el Pacto de Ostende contra Isabel II. Se les unieron los demócratas y los unionistas (éstos en 1867, encabezados por Serrano tras la muerte de O'Donnell).

En esta situación estalló la revolución de 1868 o de La Gloriosa. Un pronunciamiento militar, dirigido por Topete, Prim y Serrano, al grito de España con honra, se subleva contra la reina el 19 de septiembre. En las ciudades, las Juntas revolucionarias (formadas por demócratas y progresistas) asumen el poder. La insurrección se extiende rápidamente. Cuando la escasas tropas isabelinas son derrotadas en la batalla de Alcolea, el gobierno dimite e Isabel II abandona España, partiendo al exilio hacia Francia el 29 de septiembre.

El gobierno provisional.

Militares y firmantes del Pacto de Ostende formaron un gobierno provisional. Rápidamente se encargó de disolver la Milicia Nacional y las Juntas revolucionarias. En su composición, Serrano (unionista), asumió la presidencia del gobierno, Prim (progresista), el ministerio de guerra. Quedaron fuera los demócratas.

La convocatoria a Cortes Constituyentes se hizo, por primera vez, mediante elecciones por sufragio universal masculino (mayores de 25 años). Votó el 70 %. del censo. Estas nuevas cortes elaboran la Constitución de 1869. La composición política del Parlamento (número de escaños) quedó de la siguiente manera: progresistas (159); demócratas (20); unionistas (69); republicanos federales (69); republicanos unitarios (2); carlistas (18); isabelinos o liberales moderados (14)

La Constitución de 1869.

Contexto histórico: Sexenio Democrático. Vigencia: 1869-1873. Soberanía Nacional Ideología: Liberal progresista y democrática. Poder ejecutivo: Rey (nombra los ministros) Poder legislativo: Cortes bicamerales, Congreso de diputados y Senado (electos por los ciudadanos). Con derecho de censura al gobierno Poder judicial: Jueces y tribunales (acceso mediante oposición, acabando con la anterior sistema de nombramiento por el gobierno). Juicio por jurado. Procedimiento electoral: Sufragio universal masculino (mayores de 25 años) y directo. Jefatura del Estado: Monarquía democrática y constitucional.

Derechos y Libertades: Libertad de opinión, impresión y publicación –libertad de prensa-, libertad de reunión y asociación. Libertad de cultos religiosos. Único fuero o ley para todos los españoles (igualdad ante la ley). Igualdad en el acceso a los empleos y cargos públicos, según mérito y capacidad. Garantías procesales: detención, juicio y sentencia según la ley y tribunales. Inviolabilidad de domicilio. Estado aconfesional o laico.

La novedad más importante es la aparición en la vida parlamentaria del republicanismo. La ideología republicana deriva del liberalismo demócrata, es decir, su raíz filosófica es liberal. Defiende unas ideas liberales avanzadas y se diferencian de los otros grupos liberales en el modelo de Estado. Las ideas republicanas de raíz liberal son el sufragio universal, la necesidad de reformas sociales y económicas profundas en beneficio de las clases populares. Además los poderes públicos han de asumir el carácter de Estado protector de las clases sociales desfavorecidas.

En las relaciones con la Iglesia los republicanos defienden un Estado laico, aconfesional, en el que Iglesia y Estado se separan. Con frecuencia la aconfesionalidad aparece acompañada de anticlericalismo porque los republicanos acusan a la Iglesia de ser un obstáculo para la libertad, la modernización y el progreso de la sociedad española. A partir de un modelo de organización política basado en la república, existen dos tendencias. Por una parte, los unitarios, cuyo concepto de España es una administración unitaria o centralista. Liderados por Castelar, son algo más conservadores en las ideas políticas y sociales. Y por otra, los federales conciben España como una federación pactista de Estados regionales históricos. A su vez, se dividen en benévolos e intransigentes. Los benévolos, seguidores de Pi y Margall, aceptan la legalidad y se oponen a la insurrección armada. Los intransigentes son partidarios de la violencia y la insurrección para conseguir el Estado Federal. Su líder fue José Mª de Orense. Las bases sociales republicanas se encuentran en la pequeña burguesía, las clases populares urbanas (artesanos, asalariados) y parte del movimiento obrero y campesino antes de que fuera atraído por las ideas y organizaciones anarquistas y socialistas.

La búsqueda de un nuevo rey.

El triunfo en las elecciones de los partidos que defendían la monarquía como forma de gobierno, tal como se recogió en la Constitución de 1869, obligó al nuevo gobierno a encontrar un nuevo rey para España. Mientras tanto, aplicando la constitución, Serrano asumirá la Regencia. Hubo diversos y variados candidatos como el portugués Fernando de Coburgo, que rechazó el ofrecimiento; el duque de Montpensier, casado con la hermana de Isabel II e hijo del rey francés Luis Felipe de Orleans, cuya candidatura no prosperó al matar en un duelo al infante Enrique de Borbón, hermano del esposo de Isabel II. El alemán Leopoldo de Hohenzollern contaba con el valioso apoyo del canciller Bismarck. Sin embargo, Napoleón III lo vetó temiendo que Francia quedará entre dos monarquías Hohenzollern. Este enfrentamiento franco-alemán desató la guerra entre Francia y Prusia de 1870. El futuro Alfonso XII no fue aceptado por Prim debido al nefasto recuerdo del reinado del último Borbón, su madre Isabel II. El elegido, a instancias de Prim, fue Amadeo I de Saboya, hijo del rey italiano Víctor Manuel II. Tenía a su favor ser hijo del artífice de la unificación italiana basada en una monarquía constitucional. Fue aceptado por las Cortes el 30 de noviembre de 1870 y proclamado rey el 2 de enero de 1871 después de jurar ante el Parlamento.

La monarquía constitucional de Amadeo I (1870 - 1873).

Amadeo I ocupó el trono desde enero de 1870 hasta febrero de 1873, dos escasos años en los que hubo de enfrentarse a graves dificultades desde el momento de su coronación. La primera, el asesinato de Prim, hombre fuerte del gobierno y principal valedor de la candidatura de Amadeo. Su desaparición facilitó la desunión de la coalición gubernamental de unionistas, demócratas y progresistas.

La inestabilidad política y las disensiones entre los partidos del gobernantes se manifestaron en las tres elecciones generales y los seis gobiernos diferentes que hubo durante este breve reinado. Además, existía una oposición al régimen por parte de los carlistas, quienes se habían levantado en armas en 1872 , los alfonsinos, partidarios de que el hijo de Isabel II, Alfonso, fuese el rey. También los republicanos, contrarios a toda forma de monarquía, protagonizaron varias insurrecciones armadas en Andalucía y Cataluña en las que se mezclaron reivindicaciones populares como el reparto de tierras, la abolición de las quintas y de los impuestos de consumos, manifestándose la falta de apoyo entre el pueblo, que no aceptó al nuevo monarca al que, burlándose, llamaba Macarronini I. Ante esta situación, Amadeo I abdica y las Cortes proclaman la I República el 11 de febrero de 1873.

República Federal (1873).

La república nace sin apoyo social ni político. Los partidos republicanos apenas tienen seguidores ni simpatizantes. Las clases populares empiezan a decantarse por los movimientos obreros. Los poderes fácticos (Iglesia, ejército, banqueros, grandes empresarios) eran contrarios a la República y a sus ideas sociales avanzadas.

El primer presidente fue Pi y Margall, principal teórico del federalismo republicano, cuyos principios se reflejaron en el proyecto de Constitución federal de 1873. Establecía la separación entre Iglesia y Estado y un modelo de España a partir de una federación de 15 (ó 17 con Cuba y Puerto Rico) Estados federales: Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Valencia, Regiones Vascongadas. Más tarde se incorporarían Filipinas, Fernando Po, Annobon (en el golfo de Guinea), Corisco y los establecimientos de África.

España vivía en una situación de permanente conflictividad social y política. Las tensiones sociales estallaron en forma de huelgas obreras y ocupación de tierras por los campesinos y el fenómeno del cantonalismo. Además, dos conflictos militares dificultaban la convivencia pacífica: la insurrección de Cuba desde 1868 y la segunda guerra carlista desde 1872.

El cantonalismo. La caída de Pi y Margall, sustituido por Salmerón en la presidencia de la república, dio un giro conservador al régimen. Numerosas poblaciones se declararon república o cantón independiente en Valencia, Murcia y Andalucía (destacan Alcoy y Cartagena). Hubo cantones en las ciudades de Castellón, Valencia, Alcoy, Alicante, Torrevieja, Almansa, Cartagena, Granada, Málaga, Bailén, Andújar, Jaén, Sevilla, Cádiz, Tarifa, Algeciras, Salamanca. Muchos declararon la guerra al Estado central, y en ocasiones, entre sí (Granada contra Jaén). Estas insurrecciones aglutinaron artesanos, tenderos y asalariados dirigidos por republicanos intransigentes. Fueron sofocadas con dureza por el gobierno central. El cantón de Cartagena resistió hasta el 12 de enero de 1874, debido al carácter de fortaleza militar y base naval, así como a la adhesión de las tripulaciones de los mejores barcos de la armada.

Salmerón dimitió cuando se negó a firmar dos condenas a muerte dictadas para reos culpables de la insurrección cantonal. Las Cortes eligieron en su lugar a Castelar y le otorgaron poderes extraordinarios con el fin de intentar solucionar las graves crisis políticas y militares que sacudían España. Suspendió las garantías constitucionales y gobernó por decreto.

La Guerra de Cuba (1868-1878) con el Grito de Yara. Los criollos pasaron de las peticiones de autonomía a los deseos de independencia. Los hacendados cubanos, con el apoyo de Estados Unidos, no aceptaban ni el régimen político que se impuso en España con la revolución de 1868 ni la abolición de la esclavitud. En el seno del movimiento independentista se produjo un enfrentamiento entre los ricos dueños de las plantaciones y el resto de los cubanos, partidarios del fin del régimen esclavista.

En esta situación, la segunda guerra carlista (1872-1876) se recrudeció. El pretendiente Carlos VII, nieto de Carlos Maria Isidro (V, en la sucesión carlista) devolvió los fueros arrebatados por Felipe V a los antiguos reinos forales. Movilizó un ejército de 45.000 hombres que le permitió crear un gobierno en Estella (Navarra).

En esta situación, la 2ª guerra carlista (1872-1876) se recrudeció. Había estallado unos meses antes de proclamarse la I República. La insurrección tuvo éxito en Cataluña, Navarra, País Vasco y puntos aislados del resto de España. Las tropas carlistas controlaron las zonas rurales, pero no las ciudades El pretendiente, Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro, movilizó unos 45.000 hombres armados. Devolvió los fueros catalanes, aragoneses y valencianos (16 de junio de 1872) suprimidos por Felipe V y creó un gobierno en Estella (Navarra), embrión de un Estado carlista con Ayuntamientos y Diputaciones organizados según el régimen foral, impulsores de las lenguas locales y las instituciones tradicionales anteriores a 1700.

La derrota carlista se produjo en 1876, una vez que se superaron las dificultades del periodo revolucionario y se restauró una monarquía liberal de Alfonso XII. El nuevo régimen alfonsino armó un ejército de 150.000 hombres para enfrentarse a unos escasos 33.000 voluntarios carlistas mal armados y organizados. Las victorias isabelinas se suceden hasta la caída final de Montejurra y la toma de Estella el 16 de febrero de 1876 por las tropas dirigidas por el general Primo de Rivera. El pretendiente Carlos VII se retira a Francia y pone fin a la tercera guerra carlista.

Las consecuencias de la derrota carlista se centraron en la supresión de los fueros vascos (1876), creando el caldo de cultivo del que nacería poco después otro movimiento político, el nacionalismo vasco.

República presidencialista (3 de enero - 29 de diciembre de 1874).

Los poderes extraordinarios de Castelar concluían en enero de 1874. La mayoría parlamentaria, dirigida por Pi y Margall, estaba dispuesta a sustituir a Castelar y retornar a los principios federales. Sin embargo, la burguesía industrial y financiera confiaron al ejército la imposición de un régimen de orden. El 3 de enero, el general Pavía, capitán general de Madrid, dio un golpe de Estado. Al mando de un grupo de la Guardia Civil ocupó el Parlamento y disolvió las Cortes. El gobierno y la presidencia de la República quedó en manos del general Serrano. El nuevo presidente se dispuso a restablecer el orden público: suspendió la Constitución de 1869, prohibió la Internacional obrera, limitó el derecho de asociación, cerró diversos clubs (lugares de reunión política) y prensa republicana. En esta coyuntura, Cánovas del Castillo prepara la restauración borbónica. Consigue la abdicación de Isabel II en su hijo, Alfonso, y da a conocer el llamado Manifiesto de Sandhurst, en el que Alfonso promete un régimen constitucional para España.

Restauración borbónica: 29 de diciembre de 1874.

Los acontecimientos se precipitan. Un pronunciamiento militar del general Martínez Campos en Sagunto proclama rey de España a Alfonso XII el 29 de diciembre de 1874.

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10. SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA.

La Segunda República Española (1931 - 1939) fue el segundo periodo en la historia de España en el que la elección, tanto del Jefe de Estado como del Jefe de Gobierno era democrática. La primera vez corresponde a la Primera República Española, de apenas once meses, entre los años de 1873 y 1874.

La Segunda República se proclama el 14 de abril de 1931, después de la salida del país del rey Alfonso XIII, a la vista de los adversos resultados obtenidos por las candidaturas monárquicas en las principales capitales de provincia, en las elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931, así como a la constatación de la falta de apoyo popular tanto de los estamentos políticos y sociales como de las fuerzas armadas o del orden público.

En tanto, se elaboraba la nueva Constitución, y se constituye un gobierno provisional presidido primero por Niceto Alcalá-Zamora desde el 14 de abril hasta el 14 de octubre de 1931, sustituido más tarde por Manuel Azaña, al presentar el primero su dimisión por su oposición a la redacción del artículo 26 de la nueva Constitución, sobre el laicismo del Estado.

Podemos distinguir las siguientes etapas en la República, siendo algunos de sus hechos más significativos:

Bienio izquierdista (1931 - 1933).

- Primeras elecciones generales a Cortes Constituyentes (28 de junio de 1931).
Aprobación por las Cortes de la Constitución de la República Española (9 de diciembre de 1931).

- Gobierno de coalición republicano-socialista, presidido por Azaña (16 de diciembre de 1931).

- El clero se muestra dividido en el acatamiento al régimen republicano, ya que mientras el cardenal Segura, cardenal primado de Toledo, lanza una violenta diatriba antirrepublicana en su pastoral del 1 de mayo de 1931, a los 15 días de proclamada la República, el periódico "El Debate", fundado en 1911, por Angel Herrera Oria, muestra la opinión de un catolicismo más liberal y dá una visión accidentalista de la República, en el sentido de que la Iglesia es eterna y las formas de gobierno temporales. Con todo, la posición de la jerarquía católica y de una parte de los creyentes era bastante opuesta al régimen republicano. Esta oposición aumenta cuando mediante el artículo 26 de la Constitución, entre otras medidas, se anulan las ayudas públicas hacia instituciones religiosas, se prohibe ejercer la industria o la educación, se confiscan los bienes de determinadas órdenes religiosas, se ordena la disolución de la Compañía de Jesús, y la sumisión a las leyes tributarias.

- Oposición crítica de oficiales de mayoría conservadora y monárquica a la reforma de racionalización del ejército del ministro de la Guerra Azaña.

- En septiembre de 1931 el proyecto de Estatuto Vasco, apoyado por carlistas y nacionalistas vascos, es rechazado en las Cortes Constituyentes por sobrepasar los límites constitucionales.

- Golpe de estado fracasado del General José Sanjurjo, el 10 de agosto de 1932.

- Sanjurjo es detenido en Huelva, cuando intentaba huir a Portugal, juzgado y condenado a muerte, el Presidente de la República le conmuta la pena por cadena perpétua.

- Aprobación controvertida del Estatuto Catalán (9 de septiembre de 1932).

- Fallida Ley de Reforma Agraria, entre otras cosas, por falta de presupuesto. Provocó disturbios fuertemente reprimidos (Casas Viejas, Castilblanco y otros).
Fuerte oposición de los grandes terratenientes.

- Reacciones obreras, principalmente anarquistas, integrados en la FAI y la CNT.

- Disolución de Cortes y convocatoria de nuevas elecciones (9 de octubre de 1933).

- Fundación de Falange Española por José Antonio Primo de Rivera (29 de octubre de 1933).

- Elecciones generales ganadas por los radicales de Alejandro Lerroux y los conservadores de la CEDA, liderada por José María Gil Robles. (19 de noviembre de 1933).

Bienio de centro-derecha (1934 - 1935)

- Gobierno de los conservadores de Lerroux, presionado por la derecha de Gil Robles.
Medidas reaccionarias del gobierno frente al anterior.

- Son amnistiados los participantes en el fallido golpe de estado de agosto de 1932, entre ellos su promotor el general Sanjurjo que se traslada a Portugal, donde moriría en 1936 en accidente de aviación al tratar de volver a España para encabezar la sublevación que dio origen a la guerra civil.

- Entran a formar parte del gobierno tres ministros de la CEDA (1 de octubre de 1934).

- Continua el aumento de la agitación social.

- Descontento campesino al perder las tierras recibidas por la anterior reforma agraria.

- Revoluciones obreras de Asturias y Cataluña, sofocadas por las fuerzas del ejército del norte de Marruecos (6 de octubre de 1934).

- Deflación monetaria.

- Debilitamiento del centro político por casos de corrupción de algunos dirigentes del Partido Radical de Lerroux. El caso más famoso es el escándalo del Stra-perlo.

- Unión de socialistas y republicanos de izquierdas en un bloque, el denominado "Frente Popular", ante el temor generalizado de la izquierda europea a la fuerte expansión de las potencias fascistas.

Frente Popular (Enero - Julio 1936).

- Disolución de Cortes, se convocan elecciones generales 7 de enero de 1936.

- Triunfo de la agrupación de izquierdas en las elecciones celebradas el 16 de febrero de 1936.

- Azaña es nombrado, el 19 de febrero de 1936, Presidente del Gobierno, del que no forman parte los socialistas.

- Destitución de Niceto Alcala-Zamora como Presidente de la República el 7 de abril de 1936.

- Crisis de gobierno, Azaña dimite y es nombrado Presidente de la República 10 de mayo de 1936.

- Forma gobierno Santiago Casares Quiroga (12 de mayo de 1936).

- Cenit del enfrentamiento violento entre las izquierdas y derechas. El 12 de julio de 1936 es asesinado el teniente Castillo, de la Guardia de Asalto e instructor de las milicias de las Juventudes socialistas, por elementos de la derecha. Al día siguiente Guardias de Asalto, compañeros de Castillo, asesinan a José Calvo Sotelo, antiguo ministro de Hacienda de la monarquía y jefe del Bloque Nacional, agrupación de monárquicos de Renovación Española y de carlistas tradicionalistas.

- Golpe de estado en la tarde del 17 de julio de 1936 del ejército del norte de Marruecos y diversas guarniciones peninsulares, al fracasar comienza la guerra civil.

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11. LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.

La Guerra Civil Española (17 de julio de 1936 - 1 de abril de 1939), ha sido considerada como el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial puesto que sirvió de campo de pruebas para las potencias del Eje además de que supuso una confrontación entre las principales ideologías políticas que entonces convivían en Europa y que entrarían en conflicto poco después: el fascismo, la democracia de tradición liberal y los diversos movimientos revolucionarios (socialistas, comunistas y anarquistas).
De hecho, al estallar la Guerra Civil, tras un fallido golpe de estado contra el gobierno de la república, estas divisiones ideológicas quedaron claramente marcadas: los regímenes fascistas europeos (Alemania e Italia) apoyaron desde el principio a los militares sublevados; Francia y el Reino Unido, las dos principales democracias parlamentarias del continente decidieron mantenerse al margen, en línea con su política de no confrontación con Alemania. Por último, el gobierno republicano recibió el apoyo de México, donde hacía poco había triunfado la revolución, y de la Unión Soviética, único país comunista de Europa, quien en un primer momento movilizó las Brigadas Internacionales y posteriormente suministró equipo bélico a la república.
En cualquier caso, esta alineación de los diferentes países no hacía más que reflejar las divisiones internas que también existían en la España de los años 30 y que sólo pueden explicarse dentro de la evolución de la política y la sociedad española en las primeras décadas del siglo XX.

Estas profundas diferencias politico-culturales es lo que Antonio Machado acertó en denominar las dos Españas. En el bando republicano, la España Roja, el apoyo estaba dividido entre los demócratas constitucionales y los revolucionarios. Éste era un apoyo fundamentalmente urbano y secular aunque también rural en regiones como Cataluña, Valencia, País Vasco y Andalucía. Por el contrario en el bando nacionalista, la España Negra, el apoyo era básicamente rural, más conservador y religioso. Sobre todo fueron aquellas clases privilegiadas hasta entonces, (clero, terratenientes...) que tras la victoria del Frente Popular veían peligrar su posición predominante.

El número de víctimas civiles aún se discute pero son muchos los que convienen en afirmar que la cifra se situaría entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Muchas de estas muertes no fueron debidas a los combates sino a las ejecuciones sumarias, paseitos, que ambos bandos llevaron a cabo de forma más o menos sistemática o descontrolada. Los abusos se centraron en todos aquellos sospechosos de simpatizar con el bando contrario; en el bando nacional se persiguió principalmente a sindicalistas y políticos republicanos (tanto de izquierdas como de derechas), mientras en el bando republicano esta represión se dirigió preferentemente hacia miembros de la Iglesia Católica, incluso con la quema de conventos e iglesias y la muerte de algunos obispos. Tras la guerra, la represión franquista se cebó con el bando perdedor iniciándose una limpieza de toda esa España Roja y de cualquier elemento relacionado con la República lo que condujo a muchos al exilio o a la muerte. La economía española tardaría décadas en recuperarse.

La tragedia de la guerra enseguida traspasó fronteras viéndose, desde fuera, como la lucha entre democracia y tiranía, libertad y fascismo. Fue, precisamente, ese carácter romántico e ideologizado del conflicto lo que hizo que muchos idealistas de la década de los treinta vinieran a España para combatir en un país que no conocían y al que nada debían.

Trasfondo político.

Desde 1934 hasta 1936 la II República estuvo gobernada por una coalición de centro-derecha que incluía a los católicos conservadores de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y a los radicales de Alejandro Lerroux.
Durante este periodo el gobierno trató de deshacer todos los logros y derechos sociales conseguidos con el anterior gobierno, especialmente la reforma agraria. El hecho era que la sociedad española, casi recién salida del absolutismo en comparación con los países europeos vecinos, vivía divida aún entre privilegiados y no privilegiados. El pueblo, empobrecido, deseaba salir de la miseria enseguida y esperó grandes cambios de la II República. Pero la victoria de los conservadores truncó las esperanzas de muchos y reverdeció la agitación y las protestas al ver el rumbo de marcha atrás que tomaba su política.
Es por ello que, durante este periodo fueron frecuentes los disturbios callejeros protagonizados por piquetes de huelguistas en las principales ciudades.
Especialmente virulento fue el levantamiento, los primeros días de octubre de 1934 de los mineros de Asturias el cual fue brutalmente reprimido por tropas dirigidas por el general López Ochoa y por los Legionarios comandados por el Teniente coronel Juan Yagüe. Todos bajo la dirección desde el ministerio de la Guerra (cuyo titular era Diego Hidalgo) del general Franco. En total murieron casi 2.000 rebeldes en la represión y miles fueron hechos prisioneros.
Al mismo tiempo, los catalanistas de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) que gobernaban con Lluis Companys la Generalitat catalana y veian con sumo recelo la victoria conservadora y la subsiguiente entrada en el gobierno de la CEDA, proclaman la noche del 6 al 7 de octubre el Estado Catalán dentro de la República Federal Española lo que propicia la intervención del general Batet, jefe de la 4ª División Orgánica, en Barcelona y la detención de Companys, así como la suspensión del estatuto de autonomía de 1932.

Las elecciones del 16 de febrero de 1936 suponen una oportunidad para la izquierda de recuperar el poder perdido. Por primera vez en mucho tiempo la izquierda une fuerzas formando el Frente Popular y los anarquistas, tradicionalmente abstencionistas, a pesar de no formar parte de la coalición, le dan su apoyo. La victoria de las izquierdas por estrecho margen, lejos de apaciguar los ánimos, acrecienta aún más la inestabilidad política. En seguida se liberan los presos de Asturias pero la violencia prosigue por ambas partes produciéndose 330 asesinatos, 213 intentos fallidos, 113 huelgas y destruyéndose 160 edificios religiosos. Las ganas de cambio por parte de la depauperada sociedad civil se contrapone al inmovilismo católico y de los conservadores que ven peligrar en ello su posición privilegiada. El 7 de abril de 1936 el presidente Niceto Alcalá Zamora fue depuesto por el nuevo parlamento y sustituido en el puesto Manuel Azaña.

La polarización española es, por esas fechas, muy elevada. Conviven una izquierda revolucionaria y una derecha fascista, una sociedad secular muy anticlerical y un catolicismo ultraconservador. El escenario de violencia que vive el país permite que ambas fuerzas se confronten en numerosas ocasiones. Pero sería de una simplificación extrema quedarse en esa bipolarización. Porque dentro de derechas e izquierdas existe una división de ideas muy marcada.

El espectro político español, de derecha a izquierda, estaba cubierto por grupos extremistas, como Falange Española, monárquicos (en sus dos ramas: alfonsina y carlista), republicanos de derecha (siendo el más destacado el Partido Radical) liberales, socialistas (divididos —aunque sólo como tendencia dentro del partido— entre prietistas y caballeristas), comunistas divididos entre estalinistas, obedientes al Komintern o trotskistas disidentes y, finalmente, los anarquistas. Estas fuertes divisiones harán que antes y durante la guerra las distintas fuerzas en juego se enfrenten entre sí incluso dentro de un mismo bando.

Otro factor determinante para comprender el estallido del conflicto fue el anticlericalismo creciente en una sociedad cansada del atraso que vivía el pais del que se hacía en buena parte responsable a la Iglesia Católica que aun mantenía privilegios como en ningún otro país de Europa. El nuevo gobierno venía a acabar con todo ello lo que movilizó los sectores más conservadores. En virtud de los artículos 24 y 26 de la Constitución se suprimió la enseñanza religiosa prohibiendo órdenes como la Compañía de Jesús.

Incluso la división dentro de las clases pobres de la sociedad civil se daba muy marcadamente. Una población rural muchas veces ignorante y totalmente dominada por el caciquismo y la iglesia y una sociedad urbana e industrial dominada por las tendencias revolucionarias del nuevo siglo.

No es extraño pues que en una España marcada por la reciente dictadura de Primo de Rivera e intentonas fallidas como las de Sanjurjo volviese a haber ruido de sables y se temiese un plan para derribar al nuevo gobierno establecido. Los acontecimientos darían la razón a los pesimistas.

Los acontecimientos se precipitan.

El 12 de julio muere asesinado el teniente de la Guardia de Asalto José Castillo. Castillo era conocido por su activismo izquierdista y por negarse a intervenir contra los manifestantes de Asturias, "yo no tiro sobre el pueblo" fueron sus palabras, y este acto de rebeldía le costaría un año de cárcel. La conmoción por el asesinato no tardó en extenderse entre la propia Guardia de Asalto a la que él pertenecía. Y al día siguiente, en represalia, un grupo de guardias secuestraban y mataban a José Calvo Sotelo miembro del parlamento y de la oposición anti-republicana, quien fue ministro de finanzas durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Con este crímen se dio combustible a una derecha deseosa de recuperar el poder. Los movimientos conservadores y católicos no dudaron en aprovechar la conmoción y los acontecimientos se precipitaron rápidamente. Se puso de inmediato en marcha un plan para derrocar a la izquierda que había sido preparado tiempo antes. Los conspiradores sólo estaban a la espera de que las condiciones fueran propicias. El levantamiento acababa de comenzar.

El levantamiento del 17 de julio.

El levantamiento estaba cuidadosamente planeado por los generales José Sanjurjo, que debería haber sido el futuro Jefe de Estado, pero que murió en accidente de aviación al trasladarse a España desde Portugal, donde estaba exiliado por su intento de golpe de estado el 10 de agosto de 1932, Emilio Mola (el Director del alzamiento) y secundado por Francisco Franco, en aquellas fechas destinado en la Comandancia General de Canarias. Da comienzo en Melilla la tarde del 17 de julio de 1936 y se extiende por gran parte de las guarniciones de España. El gobierno de la República ya hacía semanas que sospechaba de la intentona golpista y por ello alejó a los generales Goded, a las Islas Baleares, y Franco a las Canarias.

Así, el 21 de julio los rebeldes han adquirido el control de la zona de Marruecos bajo protectorado español, las islas Canarias (excepto La Palma), las islas Baleares (excepto Menorca) y la parte de la España peninsular situada al norte de la sierra de Guadarrama y del río Ebro, excepto Asturias, Santander y el País Vasco en la costa norte, y la región de Cataluña en el nordeste.

Las fuerzas republicanas, por su parte, consiguen sofocar el alzamiento en la mayor parte de España, incluyendo todas las zonas industrializadas, gracias en parte a la participación de las milicias recién armadas de socialistas, comunistas y anarquistas.

Por otra parte, caen en manos de los sublevados algunas de las ciudades andaluzas más grandes, incluyendo Sevilla (donde el general Gonzalo Queipo de Llano se hace con el mando de la 2ª División Orgánica), Granada y Córdoba.

En este contexto, los nacionalistas y los republicanos proceden a organizar sus respectivos territorios y a reprimir cualquier oposición o sospecha de oposición. Una estimación mínima señala que más de 50.000 personas fueron ejecutadas, muertas o asesinadas en cada bando, lo que nos da una indicación de la gran dureza de las pasiones que la guerra civil había desatado.

El mapa resultante tras la sublevación es una reproducción casi exacta de los resultados de los anteriores comicios. En aquellas zonas donde vencieron los conservadores triunfa el alzamiento y allí donde la mayoría era leal la insurrección militar es aplastada sin miramientos como es el caso de Madrid y Barcelona.

El resultado del levantamiento es incierto. Aproximadamente un tercio del territorio español ha pasado a manos rebeldes con lo que ninguno de los dos bandos tiene absoluta supremacía sobre el otro. La intentona de derrocar de un golpe a la República había fracasado estrepitosamente. Ambos bandos se preparan para lo inevitable. Un enfrentamiento que iba a desangrar España durante tres largos años. La Guerra Civil Española acababa de empezar.

Participación extranjera.

Las principales potencias democráticas de Europa, Francia y Gran Bretaña se mantuvieron oficialmente neutrales, pero dicha neutralidad era engañosa ya que impusieron un embargo de armas a España además de desalentar a la participación anti-fascista de sus ciudadanos en apoyo de la causa republicana. Dos temores alimentaban esta política: el triunfo de la revolución en España y una confrontación total a nivel europeo.

La neutralidad de las democracias occidentales tuvo su justificación oficial a través de su participación en el denominado Comité de No Intervención, del cual formaban parte, además de Francia e Inglaterra, Italia, Alemania, la URSS y otros paises menores.
Si la misión del comité era impedir el suministro de armas a cualquiera de los dos bandos enfrentados es facil suponer, viendo su composición, que su gestión necesariamente habría de ser un completo fracaso como así ocurrió.

Las potencias fascistas prestaron un apoyo total e incondicional a los sublevados violando el embargo de ayuda militar. La Italia fascista de Benito Mussolini y la Alemania nazi de Adolf Hitler, aportaron a los sublevados armamento y equipamiento militar y enviaron algunas tropas, el Corpo Truppe Voluntarie y la Legión Cóndor respectivamente. Pero también les ayudaron tropas voluntarias de otros países como la brigada irlandesa del general Eoin O'Duffy.

Los republicanos recibieron el apoyo de la Unión Soviética a la que compraron armas, vehículos y material. Se compraron 1.000 aviones, 900 tanques, 1.500 piezas de artillería, 300 coches blindados, cientos de miles de armas ligeras y 30.000 toneladas de munición. Para pagarlo los republicanos echaron mano de las reservas de oro gastando unos 500 millones de dólares americanos. Hay que tener en cuenta que, entonces, España poseía la cuarta reserva de oro más grande del mundo con un valor aproximado de 750 millones de dólares. Algunos han condenado, posiblemente con razón, a la URSS de abusar de la precaria situación republicana para venderles armas a precios excesivos pero lo cierto es que los soviéticos también enviaron muchos asesores militares los cuales participaron activamente, incluso en los combates. También Méjico apoyó la causa republicana proveyendo a las fuerzas leales de rifles y comida.

El Comintern a través del NKVD organizó y dirigió una tropa de voluntarios para que fueran a luchar en favor de la República. Las popularmente conocidas Brigadas Internacionales. Los voluntarios americanos formaron la Brigada Abraham Lincoln y los canadienses el Batallón Mackenzie-Papineau (Los Mac-Paps). También hubo un pequeño grupo de pilotos estadounidenses que formaron el Escuadrón Yankee liderado por Bert Acosta. Hubo brigadistas famosos como los escritores Ernest Hemingway y George Orwell que escribirían sus experiencias en el frente.

Pero, a pesar de todo, el hecho cierto es que mientras los nacionalistas recibían armamento, equipamiento y efectivos de las potencias fascistas los republicanos no recibieron ayuda alguna de las principales democracias occidentales (Gran Bretaña, Francia o los Estados Unidos). Así pues, el aliado más importante fue la lejana URSS.

Las potencias democráticas, concentradas en su política de apaciguamiento de los regímenes fascistas, no miraban con buenos ojos la oposición frontal de las izquierdas revolucionarias, en las que veían una cierta amenaza de que se extendiera el mal ejemplo soviético. Por ello la República era vista por esos paises como un régimen de deriva comunista al que no le tenían gran simpatía.

Alemania, en cambio, dedicó la guerra a probar sus nuevos modelos de armas y tácticas. Se probaron los cazas Messerschmitt (Me-109) y los bombarderos Junker (Ju-52). En el bando republicano se usaron los aviones soviéticos I-15 e I-16. Alemania estrenó en España sus tácticas de bombardeos sobre ciudades con el famoso bombardeo de Guernica que fue representado por Picasso en su cuadro Guernica, expuesto en el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937.

La Guerra Civil Española fue una guerra total en la que ambos bandos se volcaron con todos los recursos disponibles e hicieron uso hasta del último hombre, por ello cualquier ayuda extranjera era poca y esta fue especialmente pobre en el lado republicano ya que incluso de los pocos envíos que recibían algunos quedaban bloqueados en la frontera francesa.

La Guerra.

La capitanía de los nacionalistas fue asumida gradualmente por el general Franco, liderando las fuerzas que había traído de Marruecos. El 1 de octubre de 1936, fue nombrado Jefe del Estado y formó gobierno en Burgos.

El presidente de la República Española hasta casi el fin de la guerra fue Manuel Azaña, un liberal anticlerical, procedente del partido Izquierda Republicana. En tanto que el gobierno republicano estaba encabezado, a comienzos de septiembre de 1936, por el líder del partido socialista Francisco Largo Caballero, seguido en mayo de 1937 por Juan Negrín, también socialista, quien permaneció de jefe del gobierno durante el resto de la guerra y continuó como jefe del gobierno republicano en el exilio hasta 1945.

Se luchó con gran ferocidad por parte de ambos lados, pero viéndose cada bando a sí mismo demasiado débil para conseguir una victoria rápida, se volvieron hacia el exterior en busca de ayuda.

Los nacionalistas o nacionales, como se autodenominaban los rebeldes, recibieron ayuda de la Italia fascista y de la Alemania nazi, mientras los republicanos la recibieron de la Unión Soviética, así como de las Brigadas internacionales, formadas por un miles de voluntarios organizados por el Comintern a las órdenes de Stalin, procedentes de toda Europa y de los Estados Unidos). Hitler y Mussolini enviaron tropas, tanques y aviones para ayudar a los nacionalistas, mientras que la Unión Soviética aportó equipos y suministros a los republicanos, también recibieron ayuda de México, aunque los demás gobiernos democráticos europeos, especialmente Gran Bretaña y Francia volvieron la espalda al gobierno republicano, temerosos de su caracter revolucionario. Alrededor de 40.000 extranjeros lucharon en las Brigadas internacionales en el bando republicano y otros 20.000 sirvieron en unidades médicas o auxiliares.

Consecuencias.

El número de personas muertas en la guerra civil española sólo puede ser estimado de manera aproximada. Las fuerzas nacionalistas pusieron la cifra de 1.000.000, incluyendo no sólo a los muertos en combate sino también a las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones más recientes dan la cifra de 500.000 o menos. Esto no incluye a todos aquellos que murieron de malnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra.

Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron de lo que es un conflicto nacional ya que, por muchos otros países, la guerra civil española fue vista como parte de un conflicto internacional que se libraba entre la religión y el ateísmo, la revolución y el fascismo. Para Rusia, Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de tanques. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que trataban dificultosamente de preservar, el cual se derrumbó en 1939 con la Segunda Guerra Mundial. El pacto de Alemania con la Unión Soviética suposo el fin del interés de esta en mantener su presión revolucionaria en el sur de Europa.

Sin duda, la consecuencia más funesta fue el terror, la represión el empobrecimiento del país. Se produjeron ejecuciones sumarias, miles de represaliados y un sentimiento de resentimiento entre los perdedores y de impunidad para con los vencedores.

Con la llegada, a partir de la muerte de Franco, de la democracia, el bando perdedor se sintió reivindicado, ya que el programa de reformas emprendido por el nuevo régimen democrático asumía gran parte del proyecto reformador de la II República y, de forma implícita, suponía una negación de los ideales que habían defendido los vencedores de la guerra civil. Esta nueva situación ha llevado a una continua reescritura de la historia, en primer lugar para recuperar la memoria de las víctimas de la represión franquista y, en respuesta, una reinterpretación del levantamiento nacional desde una óptica más acorde con la ideología hoy imperante, minimizando el componente fascista y relativizando el componente católico en favor del componente nacionalista y de orden. Desgraciadamente, las diversas interpretaciones de la guerra civil se siguen utilizando en la lucha política a principios del siglo XXI, desvirtuando en gran medida la labor de historiadores serios en favor de propagandistas partidarios.

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12. LA DICTADURA.

Francisco Franco Bahamonde, (Ferrol, 4 de diciembre de 1892 - Madrid, 20 de noviembre de 1975), fue un jefe de estado dictatorial que gobernó en España como consecuencia de la Guerra civil española ocurrida entre los años 1936 y 1939.

Nacido como Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco y Bahamonde Salgado Pardo en Ferrol (La Coruña), se graduó de la academia militar en la ciudad de Toledo. A la edad de 23 años, por nombramiento del Rey Alfonso XIII, se convirtió en el comandante más joven en el ejército español, por su desempeño en la guerra de Marruecos.
Se convirtió en general de brigada en el año 1925 por méritos de guerra, siendo el más joven en toda Europa con esa graduación.

Durante la Segunda República Española, en 1933, tras el triunfo de la derecha en las elecciones, es ascendido a general de división.
En 1934, durante el periodo de gobierno radical-cedista, como jefe Estado Mayor, dirigió desde el ministerio de la Guerra, cuyo ministro era Diego Hidalgo, las operaciones para reprimir la insurrección obrera de Asturias.

La Guerra Civil.

El 18 de julio de 1936, está destinado en Santa Cruz de Tenerife como Comandante General de Canarias. Alegando, entre otros motivos, la situación de inseguridad y de crímenes políticos que el gobierno no lograba controlar, así como el peligro de un golpe de poder antidemocrático por algunos grupos que apoyaban al mismo, participa activamente en los preparativos para la sublevación militar que contra el gobierno legítimo del Frente Popular se estaba gestando y que, iniciada el 17 de julio, tuvo su momento más generalizado el 18 de julio.
Es en esta fecha, 18 de julio, cuando se traslada, para ponerse al frente de las tropas sublevadas, desde Las Palmas de Gran Canaria a Tetuán (Marruecos), donde llega la mañana del día 19, tras una larga escala en Casablanca.
Durante el conflicto, tras la muerte o retirada a un segundo plano de otros pretendientes del mismo bando al cargo, fue nombrado por la Junta de Defensa Nacional Jefe de Estado y "Generalísimo" de los ejércitos nacionales de la zona controlada por los militares sublevados el 29 de septiembre de 1936.
El 30 de enero de 1937 se constituyó en jefe de la Junta provisional de Burgos.
Su gobierno se orientó inicialmente al triunfo militar sobre la España republicana, y contó con el apoyo de dos dictadores fascistas de Europa, Hitler (Führer) y Mussolini (Duce). Durante la contienda adoptó el título de Caudillo, con el que se hizo denominar durante su gobierno en España.
Concluida la guerra civil el 1 de abril de 1939, se produjo el exilio de miles de españoles al extranjero y se desarrolló una amplia política de represión sobre los vencidos, con fusilamientos, encarcelamientos y condenas a trabajos forzados en obras hidráulicas como pantanos y canales de riego, ferrocarriles, construcción del monumento del Valle de los Caídos y otros.

La dictadura.

En 1947, un referéndum nacional le ratificó en la jefatura vitalicia del Estado. El gobierno de Franco se caracterizó por la instauración de un verdadero régimen, de tipo autoritario y pragmático. Sólo se permitía "sindicatos verticales" (que unían a patronos y obreros), y un único partido, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, constituido por fusión de Falange Española, el carlismo y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Así, el régimen estaba fundado en un ideario de ultraderecha, de confesión católica, basado en una economía capitalista que integraba proyectos sociales, como la Seguridad Social, sistema sanitario público que se desarrolló ampliamente durante la dictadura.

Mientras en Europa estallaba la Segunda Guerra Mundial, Franco evitó posicionarse abiertamente junto a Hitler y Mussolini, a pesar de las presiones que recibió en ese sentido por el hecho de que los dos dictadores europeos le habían apoyado durante la Guerra Civil. Permitió, sin embargo, que voluntarios españoles partiesen para apoyar a las potencias del Eje a través de la División Azul al frente ruso. Asimismo, existió una amplia tolerencia ante la actuación de los agentes del Eje, principalmente alemanes, en España. Salvó a miles de judios del holocausto ofreciéndoles pasaporte español a través de las embajadas en Europa. Acabada la Segunda Guerra Mundial con el triunfo de las potencias aliadas, el pueblo español sufrió las consecuencias del aislamiento que le impusieron al régimen naciones como Gran Bretaña y Estados Unidos, que no veían con buenos ojos la pervivencia de un régimen fascista en Europa. Esta situación terminó en parte durante la Guerra Fría, cuando las necesidades geoestratégicas de Estados Unidos le hicieron colaborar con España, especialmente a partir de la firma del pacto de 1953 y la posterior visita de Eisenhower a Franco en 1959, para establecer bases militares estadounidenses en España.

En los años 60, España asistió a un fuerte desarrollo económico, en el que tuvo mucho que ver el auge del turismo, creándose una nueva clase media que era bastante reducida hasta entonces. Es también en estos años 60 cuando se produce la emigración de cientos de miles de españoles de las zonas más deprimidas de España hacia diferentes países de Europa, principalmente Alemania, Holanda, Suiza y Francia, lo que se tradujo en una no despreciable fuente de ingreso de divisas. El desarrollo y el creciente contacto con los vecinos europeos (gracias al turismo y a la emigración) dieron lugar a nuevas tensiones sociales, si bien Franco no llegó a ver peligrar su poder, gracias a la unidad del ejército y a la inercia del sistema. En 1966 fue aprobada por referéndum su propuesta de Ley Orgánica del Estado, en la cual se preveia la separación de los cargos de jefe del Estado y jefe de gobierno.

En 1969 nombró al príncipe Juan Carlos como su sucesor a título de rey, lo cual implicaba la restauración de la monarquía en España.

Con el inicio de la actividad terrorista de grupos como ETA y el FRAP llevó a cabo un último esfuerzo de represión que culminó con sentencias de muerte para once terroristas (ocho del FRAP y tres de ETA), de los que, finalmente, el 27 de septiembre de 1975, fueron ejecutados cinco, pues el gobierno, en una reunión presidida por Franco el día anterior, decidió no ejecutar a seis de los condenados a muerte, dos mujeres (por estar embarazadas) y cuatro hombres.
La noticia de las ejecuciones provocó una fuerte reacción internacional (antes de la misma, muchos gobiernos, y personalidades como el Papa Pablo VI, habían pedido clemencia). Quince paises europeos retiraron sus embajadores, fue asaltada la embajada española en Lisboa, se produjeron multitudinarias manifestaciones en las de las principales ciudades europeas y se cortaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas con varios países.

Tras estos fusilamientos, que aislaron nuevamente a España del contexto europeo, contrajo una enfermedad a consecuencia de la cual falleció tras una larga agonía, en Madrid, el 20 de noviembre de 1975. Juan Carlos hereda la jefatura del estado y, en contra de lo planeado por el dictador, la democracia se reinstaura a su muerte, en un proceso conocido como Transición Española.

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13. LA TRANSICIÓN.

Se entiende por Transición Española el proceso por el que España logró pasar de la dictadura de Francisco Franco, a un Estado social, democrático y de derecho. Las fechas de duración más aceptadas son el 20 de noviembre de 1975 para su inicio (fallecimiento del dictador) y el 28 de octubre de 1982 (victoria electoral del PSOE) para su finalización.

El papel político del Rey Juan Carlos I.

La muerte del general Franco convirtió en protagonista político a Don Juan Carlos de Borbón. Hasta noviembre de 1975 el príncipe se había mantenido en un discreto segundo plano siguiendo las pautas marcadas por Franco. Pero la desaparición del general iba a poner en evidencia que Don Juan Carlos tenía un proyecto político. En realidad se trataba del proyecto que su padre, Don Juan de Borbón, defendía desde 1946: el de facilitar, como rey de España, la implantación de un sistema político democrático en el país.

De hecho era un proyecto que contaba con amplios apoyos dentro y fuera de España. Los países occidentales, encabezados por los Estados Unidos, lo deseaban. Un sector importante del capitalismo español e internacional lo apadrinaba. Una parte muy destacada de la oposición al franquismo apostaba también por ésta salida política para el país. Incluso era una solución que contaba cada vez con más partidarios dentro del régimen franquista.

Así pues, la transición podía parecer fácil, pero en realidad no lo era. El fantasma de la guerra civil parecía agitarse aún ante un país en el que existían grupos radicales de extrema izquierda y donde tampoco faltaban grupos franquistas de extrema derecha que contaban con un apoyo considerable dentro del ejército. Si llegaba a producirse una situación política incontrolable, cualquier chispa podría iniciar un temible proceso de acción-reacción.

La realización de dicho proyecto exigía que la oposición controlara a sus partidarios para evitar cualquier provocación y que el ejército no cayera en la tentación de intervenir en el proceso político para salvar las estructuras franquistas. En esta doble dirección se movió la actuación política de Don Juan Carlos y sus colaboradores.

Don Juan Carlos inició su reinado sin salirse de los cauces de la legalidad franquista. Así, juró fidelidad a los Principios del Movimiento, tomó posesión de la corona ante las Cortes franquistas y respetó la Ley Orgánica del Estado para el nombramiento de su primer jefe de gobierno. Sólo que en su discurso ante las Cortes se mostró abierto a la transformación del sistema político español.

El primer gobierno de la monarquía (enero - julio de 1976).

El primer gobierno de Don Juan Carlos fue presidido por Carlos Arias Navarro. El rey se ajustó para este nombramiento a las pautas marcadas por la Ley Orgánica del Estado de 1966: el Consejo del Reino propuso una terna de candidatos y, de ellos, el rey escogió a Arias Navarro.

El nombramiento de Arias Navarro ofrecía un panorama claramente continuista y no auguraba grandes transformaciones políticas. Sin embargo entraron a formar parte del nuevo gobierno tres personalidades que, habiendo colaborado con el régimen franquista, eran, en 1976, partidarias decididas de la transición hacia un régimen democrático. José María de Areilza, que formó parte del Consejo Privado de Don Juan, ocupó la cartera de Asuntos Exteriores. El diplomático Antonio Garrigues y Díaz Cañabate fue nombrado Ministro de Justicia. Manuel Fraga Iribarne se hizo cargo de la cartera de Gobernación. Pero, para mantener el equilibrio, se nombró vicepresidente para asuntos de Defensa a un militar incondicionalmente franquista: el general Fernando de Santiago.

Hubo otros dos nombramientos que, con el tiempo, se revelaron muy importantes para el cambio político: Torcuato Fernández Miranda, un profesor universitario procedente de las filas del Movimiento, ocupaba la presidencia de las Cortes y del Consejo del Reino; y Adolfo Suárez, que también había hecho su carrera política dentro del Movimiento, se haría cargo de la Secretaría General del Movimiento con rango de ministro.

La situación que tenía que afrontar el nuevo gobierno era harto difícil. La agitación de la oposición iba en aumento, las manifestaciones en petición de amnistía eran frecuentes y en el País Vasco la tensión crecía sin cesar. ETA prosiguió con sus atentados y el apoyo popular con que podía contar se manifestaba en múltiples actos de protesta. A principios de marzo de 1976 una huelga general en Vitoria que duraba ya muchos días estalló forma de agitación callejera a la que la policía respondió con dureza; el resultado fue la muerte de tres personas y la pérdida de prestigio del ministro Fraga, que preconizaba una política de mano dura ante la agitación.

Por otra parte los grupos de la oposición se mostraban cada vez más impacientes exigiendo el desmantelamiento del régimen franquista en un plazo breve. La reunión de las fuerzas políticas de la oposición en marzo de 1976 dio origen a la creación de un organismo, "Coordinación Democrática", que manifestó claramente que no aceptaría ninguna operación política de maquillaje del sistema franquista. Y, sin embargo, esto era lo único que tenía previsto Arias Navarro: pequeños retoques a la legalidad franquista. Pero algunos de sus ministros ya sabía que era preciso llegar mucho más lejos.

José María de Areilza, en el viaje que realizó a los Estados Unidos acompañando al rey, en junio de 1976, se manifestó totalmente partidario de la implantación de un sistema democrático en España. Adolfo Suárez mantenía frecuentes contactos con miembros de la oposición moderada para planificar los primeros pasos de la transición. Por otra parte fue también el mismo rey quien, durante el viaje a Estados Unidos, se declaró plenamente favorable a la implantación de un sistema democrático en España. Por fin, ante los retrasos y reticencias de Arias Navarro, don Juan Carlos le exigió la dimisión (julio de 1976).

El primer gobierno de Adolfo Suárez (julio de 1976 - junio de 1977).

Fue Fernández Miranda, como presidente del Consejo del Reino, quien logró que en la nueva terna de candidatos a la presidencia del gobierno entrara Adolfo Suárez. Éste fue escogido por el rey porque reunía las condiciones necesarias para realizar una operación política de evidente dificultad: convencer a los políticos del sistema franquista instalados en las Cortes para que desmantelaran dicho sistema. De esta manera se respetaba formalmente la legalidad franquista y se orillaba, en lo posible, el peligro de una intervención del ejército en el proceso de transición.

Adolfo Suárez presentó rápidamente un programa político muy claro basado en dos puntos:

- Elaboración de una Ley para la Reforma Política que, una vez aprobada por las Cortes y por los españoles en Referéndum, permitiría abrir un proceso constituyente para implantar en España un sistema de democracia liberal.

- Convocatoria de elecciones democráticas en junio de 1977 para elegir unas Cortes encargadas de redactar la nueva Constitución democrática.

El programa era claro e inequívoco, pero su realización fue muy difícil y puso a prueba la capacidad política de Adolfo Suárez. Éste tenía que convencer a la oposición para que entrara en su juego y al ejército para que no interrumpiera el proceso, además tenía que controlar la situación en el País Vasco, que se estaba haciendo insostenible por días.

Pero a pesar de todas las dificultades, el proyecto de Suárez se fue aplicando sin dilaciones entre julio de 1976 y junio de 1977.

En este breve periodo de tiempo Adolfo Suárez tuvo que actuar en varios frentes para realizar su proyecto reformista.

La Ley para la Reforma Política.

El proyecto de Ley para la Reforma Política fue elaborado por el gobierno de Suárez en septiembre de 1976. Esta ley tenía que abrir la puerta un sistema de democracia parlamentaria en España. Esta ley no concretaba cómo iba a ser el nuevo sistema político, simplemente eliminaba los obstáculos que ofrecía el régimen franquista a la implantación de un sistema democrático. Esta ley venía a ser, en realidad, el acta de liquidación del franquismo aprobada por las propias Cortes franquistas. A lo largo del mes de noviembre la ley fue debatida por las Cortes que, bajo la hábil presidencia de Fernández Miranda, la aprobaron por 425 votos a favor con 59 votos negativos y 13 abstenciones.

El gobierno de Suárez quiso legitimar esta operación sometiendo la nueva ley a un Referéndum en el que participó el 77,72% del censo electoral: el 94% de los participantes en el referéndum dieron un voto afirmativo.

A partir de este momento se podía abrir ya el proceso electoral, segundo punto del programa de Suárez, que serviría para elegir a los diputados de las Cortes Constituyentes encargadas de elaborar una Constitución democrática.

Pero para que este segundo punto pudiera realizarse Suárez tenía que resolver un problema crucial: ¿aceptarían los grupos de la oposición colaborar en el proceso de transición política que se había iniciado sin su participación? Para resolver este problema tuvo que abordar otro tema muy delicado: el de los pactos con la oposición antifranquista.

Relaciones del gobierno de Suárez con la oposición.

Para dar credibilidad a su proyecto, Suárez fue adoptando una serie de medidas políticas. En julio de 1976 hubo una amnistía política parcial que fue ampliada en marzo de 1977 y que se convirtió en total en mayo del mismo año. En diciembre de 1976 fue disuelto el TOP. En marzo de 1977 se legalizó el derecho de huelga y en abril del mismo año se decretó la libertad sindical. También en marzo de 1977 se promulgó una Ley Electoral que cumplía las condiciones necesarias para ser homologada con las de los países que tenían un sistema de democracia liberal parlamentaria.

Con todas estas medidas de gobierno, Suárez iba cumpliendo las condiciones que, desde 1974, exigían los grupos de la oposición. Estas fuerzas opositoras se habían reunido en noviembre de 1976 para crear una Plataforma de Organizaciones Democráticas.

Suárez había iniciado sus contactos políticos con la oposición entrevistándose con Felipe González, secretario general del PSOE, en agosto de 1976. La actitud posibilista del líder socialista dio alas a Suárez para llevar adelante su proyecto político, pero todo el mundo percibía claramente que el gran problema para la normalización política del país iba a ser la legalización del Partido Comunista. Éste constituía, en aquel momento, el grupo político más organizado y con mayor número de militantes de la oposición, pero, en una entrevista que tuvo Suárez con los mandos más destacados del ejército (septiembre de 1976), éstos le manifestaron claramente su oposición frontal a la legalización del PCE.

El PCE, por su parte, actuaba cada vez más públicamente para exponer sus puntos de vista: según los comunistas, la Ley para la Reforma Política era antidemocrática y, además, las elecciones para las Cortes Constituyentes tenían que ser convocadas por un gobierno provisional del que formaran parte las fuerzas políticas de la oposición. Dado que, además, la oposición no manifestaba ningún entusiasmo por la Ley para la Reforma Política, Suárez tuvo que arriesgarse aún más para implicar en su juego a las fuerzas del oposición.

En diciembre de 1976, el PSOE celebraba en Madrid su XXVII Congreso y empezaba a desmarcarse de las exigencias del PCE, afirmando que pensaba participar en la próxima convocatoria electoral para las Cortes Constituyentes. Al empezar el año 1977, el año de las elecciones, Suárez se decidió afrontar el problema de la legalización del PCE. En febrero de este año se entrevistó con Santiago Carrillo, secretario del PCE, convencido de que el proceso de la normalización política no era viable si se hacía al margen del PCE. La disposición de Carrillo a colaborar sin exigencias previas y su ofrecimiento de un "pacto social" para el periodo posterior a las elecciones, empujaron a Suárez a dar el paso más arriesgado de la transición: la legalización del PCE (abril de 1977).

Relaciones del gobierno de Suárez con el ejército.

Adolfo Suárez conocía bien que el llamado "búnker" (el grupo de los "duros" del franquismo, dirigido por José Antonio Girón y Blas Piñar, que tenía como portavoz del periódico El Alcázar) tenía muy buenos contactos con oficiales del ejército y ejercía una evidente influencia sobre importantes sectores militares. Estas fuerzas podían constituir un obstáculo insalvable si lograban poner al ejército en contra de la reforma política.

Para salvar ésta dificultad, Suárez intentó apoyarse en el grupo de militares más liberales del círculo del general Díez Alegría, a los que intentó colocar de los puestos de mayor responsabilidad. La personalidad más destacada de esta tendencia dentro del ejército fue el general Manuel Gutiérrez Mellado. Pero en julio de 1976 el vicepresidente para asuntos de Defensa era aún el general Fernando de Santiago que pertenecía al núcleo más inmovilista del ejército. De Santiago, que había manifestado su inquietud ante la primera amnistía de julio de 1976, se opuso frontalmente a la Ley de Libertad Sindical, elaborada por el gobierno en septiembre del mismo año. En este momento Suárez quiso imponer su autoridad en el gobierno: destituyó a Fernando de Santiago (21 de septiembre) y nombró en su lugar a general Manuel Gutiérrez Mellado. Este enfrentamiento con el general De Santiago le acarreó a Suárez la oposición de un amplio sector del ejército, oposición que se agudizó aún más si cabe con la legalización del PCE (abril de 1977).

Pero entretanto Gutiérrez Mellado actuaba con habilidad para promocionar a los oficiales partidarios de la reforma política y para sustituir a los mandos de las fuerzas de seguridad (Policía Armada y Guardia Civil) que parecían más partidarios de conservar el régimen franquista.

En realidad Suárez quería demostrar al ejército que la normalización política del país no implicaba ni la anarquía ni la revolución. Para ello contaba con la colaboración de Santiago Carrillo; pero no pudo contar en absoluto con la colaboración de los grupos terroristas.

El terrorismo se reactiva.

El País Vasco se mantuvo, a lo largo de todo este periodo, en plena ebullición política. Las reivindicaciones de amnistía política obligaron a Adolfo Suárez a irla concediendo en distintas etapas hasta la amnistía total de mayo de 1977. Pero los enfrentamientos continuos entre policía y manifestantes no ayudaban precisamente a serenar los ánimos. ETA, que en el verano de 1976 parecía haber abierto una cierta tregua, reemprendió sus acciones terroristas en octubre del mismo año. Pero fue sobre todo entre diciembre de 1976 y enero de 1977 cuando se desencadenó un conjunto de acciones terroristas que mantuvieron al país en una situación de fuerte tensión.

Primero fue el GRAPO, que empezó colocando varias bombas y siguió con el secuestro de dos importantes personalidades del régimen: el Presidente del Consejo de Estado, José María de Oriol, y el general Villaescusa, Presidente del Consejo Superior de Justicia Militar. Y, mientras duraban estos secuestros, un comando de la ultraderecha asesinaba a seis personas, cinco de ellas abogados laboralistas miembros del PCE, en un despacho de la calle de Atocha en Madrid.

Toda esta operación terrorista sonaba a maniobra de provocación, pero en aquellos momentos dramáticos Suárez consiguió que, por primera vez, buena parte de los líderes de la oposición reunidos con el Presidente del Gobierno, publicarán un comunicado de denuncia del terrorismo y de apoyo a la actuación de Suárez.

Sin embargo, las fuerzas del búnker se aprovecharon de la inquietud del momento para denunciar que el país se estaba precipitando en el caos.

Salvando todo este cúmulo de dificultades se pudo llegar al mes de junio fijado para la celebración de las elecciones a Cortes Constituyentes.

Las primeras elecciones y la redacción de la constitución.

Las elecciones se celebraron el 15 de junio de 1977 y consagraron la existencia de cuatro importantes fuerzas políticas a nivel nacional, que se repartieron los votos emitidos de ésta forma:

- Unión de Centro Democrático (UCD): 31,1%

- Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 28,6%

- Partido Comunista de España (PCE): 9,4%

- Alianza Popular (AP): 8,5%

En estas elecciones también empezó a manifestarse la fuerza electoral de los partidos nacionalistas en sus respectivos ámbitos: el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Convergencia Democrática de Cataluña (CDC).

Las Cortes empezaron a trabajar en la redacción de la Constitución en el verano de 1977 y, una vez terminado el texto constitucional, en el que se plasmó el acuerdo de las principales fuerzas políticas presentes en las Cortes, aquélla fue aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

Los gobiernos de UCD.

El gobierno se mantuvo en manos de la UCD por ser éste el partido que obtuvo mayor cantidad de votos, tanto en junio de 1977 como en marzo de 1979 (véase Legislatura Constituyente de España y I Legislatura de España). Pero para poder realizar su labor en el Parlamento, la UCD tuvo que pactar con otros partidos políticos, ya que no había obtenido en ninguna de las dos elecciones la mayoría absoluta de escaños.

La tarea ordinaria de gobierno que tuvo que realizar el partido desde 1979 puso de manifiesto la existencia de tendencias muy diversas dentro de la UCD (que no hay que olvidar que procedía de una coalición de partidos).

Los enfrentamientos entre las varias tendencias dentro del partido fueron desgastando la autoridad de Adolfo Suárez y su papel dirigente. La tensión estalló a partir de 1981: dimisión de Suárez como jefe de gobierno, nombramiento de Calvo Sotelo al frente del nuevo gabinete, abandono del partido por parte de los socialdemócratas de Fernández Ordóñez y nombramiento de Calvo Sotelo como nuevo presidente de la UCD.

Entre las elecciones generales de 1979 y las de 1982, UCD pasó de ser el partido más votado a sufrir una espectacular derrota. Estos hechos acentuaron las tensiones internas del partido y del Gobierno y empujaron a Calvo Sotelo a disolver al parlamento y convocar elecciones para octubre de 1982.

La normalización democrática no evitó la continuación de las acciones terroristas de ETA y, en menor escala, del GRAPO. Paralelamente se detectaba una situación de desasosiego en varios sectores de las Fuerzas Armadas que hacían temer la preparación de un golpe militar. La ocupación del Congreso de los Diputados, la tarde del 23 de febrero de 1981 por un grupo de guardias civiles dirigidos por el teniente coronel Antonio Tejero no alcanzó su objetivo, pero mostró claramente la existencia de una tendencia golpista dentro del ejército (véase Golpe de Estado de 1981 en España).

El PSOE como partido de gobierno.

Las elecciones de octubre de 1982 dieron la mayoría absoluta en el Parlamento al PSOE. Este partido llevaba ya varios años preparando su imagen de alternativa de gobierno.

En el XXVIII Congreso del PSOE (mayo de 1979) su secretario general, Felipe González, no quiso asumir las tendencias fuertemente revolucionarias que parecían dominantes en el partido; por esto presentó la dimisión de su cargo. Pero la convocatoria de un congreso extraordinario (septiembre de 1979) le permitió reconducir el partido hacia una línea más moderada y asumir de nuevo el cargo de secretario general.

A lo largo de 1982 el PSOE confirmó su línea moderada con el acercamiento al grupo socialdemócrata de Fernández Ordoñez, que acababa de separarse de la UCD.

La obtención de la mayoría absoluta del parlamento en tres procesos electorales consecutivos (1982, 1986 y 1989) permitió al PSOE legislar y gobernar sin establecer pactos con otras fuerzas políticas parlamentarias. De esta forma, el PSOE pudo convertir en leyes muchos de los puntos de su programa. A la vez, el Partido Socialista, ha dirigido en este periodo muchas administraciones locales y autonómicas. En definitiva, la cómoda mayoría política de que ha gozado ha permitido al PSOE dar al país un largo periodo de tranquilidad y estabilidad política, tras los intensos años la transición.

@t.

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