Sinopsis de CATALUÑA.
Cataluña (en catalán Catalunya, en aranés Catalunha) es un territorio histórico que en la actualidad conforma, en su mayor parte, una comunidad autónoma dentro del Reino de España situada al noreste de la Península Ibérica. Limita al norte con Francia y Andorra, al este con el Mar Mediterráneo, al sur con la Comunidad Valenciana y al oeste con Aragón. Históricamente Cataluña también ha englobado las comarcas del Vallespir, el Conflent, el Capcir, el Rosellón y la parte norte de la Cerdaña o Alta Cerdaña, territorios ultrapirenaicos dependientes de los antiguos condados del Rosellón y la Cerdaña y que forman parte del actual departamento francés de los Pirineos Orientales. Estas comarcas frecuentemente se engloban bajo la denominación de Cataluña Norte. Cataluña es la comunidad autónoma con mayor producción industrial de España y en ella se encuentra un 25% de los extranjeros residentes en todo el país.Administración y Gobierno de Cataluña.
La Generalitat es la institución de autogobierno en Cataluña, se compone de un Parlamento, un Presidente y un Consejo Ejecutivo.
El Parlamento de Cataluña tiene 135 escaños, elegidos por sufragio. El Parlamento es la herramienta legislativa de Cataluña.
El Presidente y el Consejo Ejecutivo sirven como autoridad ejecutiva y son elegidos por el Parlamento. El Gobierno Catalán se compone de 16 departamentos o consejerías.
A pesar de algunas excepciones, la mayor parte del poder judicial permanece bajo autoridad central española. Sin embargo en Cataluña se aplica el sistema de Derecho Civil Catalán, que es diferente al resto de España. Una Ley Catalana regula un defensor del pueblo (Síndic de Greuges) que trata los problemas que puedan surgir entre ciudadanos u organizaciones con la Generalitat u otros gobiernos locales.
La región ha estado luchando políticamente desde 1979 para obtener mayores niveles de autonomía. Después de Navarra y el País Vasco, Cataluña tiene el nivel más alto de autogobierno en España. La Generalitat retiene competencia exclusiva en diversas materias de cultura, medioambiente, comunicaciones, transporte, comercio, seguridad pública y gobiernos locales. En muchas áreas como la educación, seguridad social y justicia, la jurisdicción es compartida con el resto del Estado Español.
Uno en ejemplo del nivel autonómico Catalán es que dispone de su propia policía autónoma Mossos d'Esquadra, quiénes actualmente están en proceso de sustitución de la Guardia Civil y Policía Nacional, que están bajo la autoridad del estado central Español. Al completarse dicha sustitución en el 2008, el Estado Español mantendrá un número limitado de agentes en la región para cuestiones relacionadas con el terrorismo e inmigración. Así como los Mossos d'Esquadra, los cuerpos de policía municipales están bajo la autoridad del gobierno de Catalán
A diferencia de las comunidades autónomas de Navarra y País Vasco, Cataluña carece de su propio sistema fiscal; de esta forma el sostenimiento económico de la administración Catalana depende casi totalmente de fondos recaudados por la imposición del Estado Español y presupuestados para Cataluña. Este tema se ha convertido en una de las prioridades en el proceso de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña que se esta llevando acabo este 2005.
Provincias.
Cataluña está formada por cuatro provincias:
- Barcelona.
- Gerona.
- Lérida.
-Tarragona.
Especial referencia hay que hacer del Valle de Arán, que aunque está incluido dentro de la organización provincial, goza de cierta autonomía administrativa.
La denominación catalana de las provincias de Gerona y Lérida y de sus correspondientes capitales es Girona y Lleida respectivamente. Esta denominación es la oficial en todo el territorio español (ley 2/1992 del 28 de febrero de 1992), aunque sigue siendo común referirse a ellas en español usando los exónimos españoles.
Historia.
Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Cataluña se remontan a los inicios del Paleolítico Medio. Los restos más antiguos descubiertos corresponden a la mandíbula de un preneanderthal encontrada en Bañolas, de unos 25.000 años de antigüedad. Entre los yacimientos más importantes de este periodo destacan el de las cuevas de Mollet (Serinyà, Pla de lEstany), el cau del Duque de Montgrí, el yacimiento de Horno den Sugranyés (Reus) y los abrigos Romaní i Agudo (Capellades), mientras que para el Paleolítico Superior destacan los de Reclau Viver, la cueva de la Arboleda y la Bora Gran den Carreres, en Serinyà, o el Cau de les Goges, en San Julián de Ramis. De la siguiente etapa prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se han conservado importantes yacimientos, la mayor parte datados entre el 8000 y el 5000 aC, como el de San Gregorio (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant).
El periodo Neolítico se inicia en tierras catalanas hacia el 4500 aC., aunque en un grado de sedentarización de los pobladores mucho menor que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que propició que la caza y la recolección siguieran siendo actividades fundamentales y que el establecimiento de asentamientos se demorase en muchos lugares. Los yacimientos neolíticos más importantes de Cataluña son la cueva de Fuente Mayor (Espluga de Francolí), la cueva de Toll (Morà), las cuevas Gran i Fría (Montserrat) y los abrigos de Cogul y Ulldecona.
El periodo Calcolítico o Eneolítico se desarrolla en Cataluña entre el 2500 y el 1800 aC., momento en el cual se construyen los primeros objetos de cobre. La Edad del Bronce se sitúa cronológicamente en el periodo 1800-700 aC, de la cual se conservan escasos restos, pero destacan unos poblados formados en la zona del Bajo Segre. La Edad del Bronce coincide con la llegada de los pueblos indoeuropeos, a través de sucesivos flujos migratorios que se desarrollan desde el año 1200 aC, responsables la creación de los primeros poblados de estructura protourbana. A partir de mediados del siglo VII aC el territorio catalán alcanzará el periodo conocido como Edad del Hierro.
La Edad Antigua en Cataluña.
Este periodo se caracteriza en una primera etapa confluencia de diferentes culturas colonizadoras en el actual territorio catalán, en particular la griega y la cartaginesa, que darán lugar a la formación, como en el resto dela península, de la cultura ibérica. De esta etapa es la formación de Emporion o Ampuries, en la costa gerundense, enclave comercial impulsado por la ciudad griega de Focea desde Massalia (Marsella), en el siglo VI aC.
En lo que se refiere a la civilización ibérica, se ha constatado la existencia de diferentes tribus dispersas por tierras catalanas, entre ellos los indiquetes (Ampurdán), los ceretanos (Cerdaña) o los airenosinos (Valle de Arán). Se distinguen cuatro grandes periodos en el actual territorio de Cataluña. El inicial, que abarca del siglo VIII al VII aC, que corresponde a una etapa de formación, en que los pueblos indígenas entran en contacto con pueblos colonizadores, y en el que aparecen los primeros objetos de hierro. El segundo es el periodo antiguo, del siglo VII aC a mediados del V aC, en el que se consolida el proceso de iberización. Le sigue, le periodo de plenitud, que va de mediados del siglo V hasta el siglo III aC. Y, finalmente, la fase de decadencia, que se inicia en el 218 aC con la presencia de Roma, en que la cultura ibérica es absorbida por el potente impulso de la romanización.
La segunda etapa de la Historia Antigua en Cataluña corresponde al periodo de romanización, iniciado en el siglo III aC. La llegada de los romanos a la Península Ibérica tuvo lugar en el 218 aC, con el desembarco de Gneo Cornelio Escipión en Ampurias, con el objetivo de cortar las fuentes de aprovisionamiento de los ejércitos del cartaginés Anibal durante la Segunda Guerra Púnica. Tras la derrota de los cartagineses y de diferentes tribus ibéricas sublevadas ante la presencia romana, en el 195 aC, se completó prácticamente la conquista romana en territorio catalán y se inició el proceso de romanización, a través de la cual los distintos pueblos peninsulares fueron asimilados por la cultura romana y abandonaron sus propios rasgos, entre ellos la lengua. El actual territorio catalán quedó englobado primero en la provincia llamada Hispania Citerior, para formar parte desde el 27 aC de la Tarraconense, cuya capital fue Tarraco (Tarragona). Producto del periodo romano será la adopción de toda la estructura administrativa y las instituciones propiamente romanas, el desarrollo de una gran red urbana y viaria, la generalización de un sistema agrícola basado en la trilogía mediterránea (cerales, viña y olivo), la introducción de los regadíos, el desarrollo del derecho romano y la adopción del latín.
De la Antigüedad Tardía a la Época Feudal.
La Crisis del siglo III que afectó al Imperio Romano y que originaría su decadencia afectó gravemente al territorio catalán, donde se han detectado importantes niveles de destrucción y procesos de abandono de villas romanas. También de este siglo son las primeras noticias documentales de la presencia del cristianismo en Cataluña. Aunque los datos arqueológicos indican la recuperación de algunos núcleos, como Barcelona (Barcino), Tarragona (Tarraco) o Gerona (Gerunda), la situación no volvió a ser la de antes, las ciudades se amurallaron y los núcleos se redujeron.
En el siglo V, con motivo de la invasión generalizada del Imperio Romano por parte de los pueblos germánicos, los visigodos, liderados por Ataúlfo, se instalaron en la Tarraconense (410) y cuando en el 475 el rey visigodo Eurico formó el reino de Tolosa, incorporó el actual territorio catalán. Los visigodos dominaron el territorio hasta inicios del siglo VIII, primero desde Tolosa y luego desde Toledo. En el 718, la conquista musulmana llego al noreste de la península y pasó a la Septimania, un proceso que tuvo lugar sin graves conflictos bélicos, excepto en algunos casos como el de Tarragona. La posterior reacción carolingia ante la presión islámica supuso la ocupación por su parte en el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona, tras la cual se formó una zona fronteriza que seguía los ríos Llobregat, Cardener y el curso medio del Segre, que se conocería como Marca Hispánica. Este territorio se organizaba políticamente en condados independientes. Sin embargo, a finales del siglo IX, el monarca carolingio Carlos el Calvo designó a un noble descendiente de una familia del Conflent conde de Cerdaña y Urgel (870), y conde de Barcelona y Gerona (878), lo cual suponía la reunión bajo su mando de buena parte del territorio catalán, aunque a su muerte los condados se repartieron entre sus hijos, Barcelona, Gerona y Osona fueron ya en adelante, excepto durante un breve periodo, un único condado. Durante el siglo X, los condados catalanes se convirtieron en verdaderos condados independientes del poder carolingio, un hecho que el conde Borrell oficializó en el 987 al no prestar juramento al primer monarca de la dinastía de los Capeto. En estos años de formación de los condados catalanes, se desarrollaron los primeros pasos de repoblación del territorio tras la invasión musulmana. Así, durante los siglos IX y X se creó una sociedad donde predominaban pequeños propietarios libres, llamados aloers, enmarcados en una sociedad agraria donde cada núcleo familiar producía lo que consumía, generando muy pocos excedentes.
La Cataluña Feudal Medieval.
El siglo XI se caracteriza en Cataluña por el desarrollo de la sociedad feudal, como consecuencia de las presiones señoriales para desarrollar lazos de vasallaje con los campesinos aloers. Los años centrales del siglo se caracterizaron por una guerra social virulenta, donde la violencia señorial arrolló a los campesinos, gracias a las ventajas que obtenían de las nuevas tácticas militares, basadas en la contratación de mercenarios bien armados y a caballo. Así, a finales del siglo, la mayoría de los campesinos propietarios se habían convertido en siervos sometidos al señor. Este proceso coincidió con un debilitamiento del poder de los condes y la división del territorio en numerosos condados, que con el tiempo daría paso a la articulación de un Estado feudal basado en complejas fidelidades y dependencias, en lo alto del cual se encontraría el conde de Barcelona, tras el triunfo sobre el resto de señores de Ramon Berenguer I. Con el tiempo, los condes de Barcelona vincularían todos los condados catalanes a la corona.
Hasta mediados del siglo XII, los sucesivos condes de Barcelona intentaron ampliar sus territorios en múltiples direcciones, lo que les reportó la incorporación del condado de Besalú, de parte del condado de Ampurias, el de Cerdaña y, transitoriamente, el de Provenza. Por su parte, en 1118 la Iglesia catalana se independizó de la sede de Narbona y fue restaurada la sede de Tarragona. Más tarde, bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (1131-1162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Cataluña. Por un lado, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y el reino de Aragón en un nuevo tipo de estado, que fue de hecho una confederación, dado que por ello ni Cataluña ni Aragón modificaban sus instituciones ni se produjese ninguna fusión. Sin embargo, de acuerdo con la situación jerárquica de los linajes en el orden nobiliario, el título de rey se antepuso al de conde, por lo que desde aquel momento el territorio común sería cada vez más conocido como Corona de Aragón. Por el otro, la conquista catalana de Lérida y Tortosa, con lo que se alcanzó la totalidad del territorio que hoy forma Cataluña y se formó un territorio al sur de la vieja frontera de la Marca Hispánica que se conocería como la Cataluña Nueva y que se repoblaría lo largo del siglo XII.
A finales del siglo XII, diferentes pactos con el reino de Castilla delimitaron las futuras zonas donde desarrollar nuevas conquistas de territorio musulmán, pero en 1213, la derrota de Pedro el Católico en la batalla de Muret acabó con el proyecto de consolidación del poder catalán sobre la Provenza. Tras un periodo de agitación, en 1227, Jaime I asumió plenamente el poder como heredero al trono y se inició la expansión territorial sobre nuevos territorios. A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII incorporó los territorios de Mallorca y el País Valenciano, constituyendo con éste último un nuevo reino, el de Valencia, que pasó a convertirse en un tercer Estado de la Corona de Aragón, con Cortes propias y un nuevo fuero: los Furs de Valencia. En cambio, el territorio mallorquín junto a los condados de Cerdaña y Rosellón y la ciudad de Montpellier sería entregado en herencia su hijo Jaime y formarían el reino de Mallorca, iniciándose así un periodo de tensión interna que concluiría con su anexión a la Corona de Aragón en 1349, por parte de Pedro el Ceremonioso.
Entre las décadas finales del siglo XIII y las primeras del XIV, Cataluña vivió épocas de gran plenitud, en las que experimentó un fuerte crecimiento demográfico y una expansión marítima por el Mediterráneo. Esta época coincide con los reinados de Pedro el Grande, que conquistó Sicilia y tuvo que defenderse de una cruzada francesa contra Cataluña; de Alfonso el Franco, que se apoderó de Menorca, y de Jaime II, que conquistó Cerdeña y con quién el poderío catalán alcanzó su máxima expansión económica en la Edad Media. Sin embargo, desde el segundo cuarto del siglo XIV se inició un cambio de signo para Cataluña, marcada por la sucesión de catástrofes naturales, de crisis demográficas, por el estancamiento y recesión de la economía catalana y el surgimiento de tensiones sociales. El reinado de Pedro el Ceremonioso se caracterizó por graves tensiones bélicas, entre las que se cuentan la anexión del reino de Mallorca, el sofocamiento de una rebelión sarda, de la rebelión de los unionistas aragoneses y sobre todo, la guerra con Castilla. Estos episodios generaron una delicada situación financiera, en un marco de crisis demográfica y económica, a la cual se añadió la crisis de sucesión, generada por la muerte sin descendencia y sin el nombramiento de sucesor del rey Martín I en 1410. Ello abrió un periodo de interregno, que progresivamente iría evolucionando a favor de un candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera, quien, tras el Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado monarca de la Corona de Aragón.
El sucesor de Fernando I, Alfonso el Magnánimo, promovió una nueva etapa expansionista, esta vez sobre el reino de Nápoles, el cual dominó finalmente en 1443. Paralelamente se agravó la crisis social en Cataluña, tanto por los conflictos rurales como urbanos. El desenlace de estos conflictos fue, en 1462, la rebelión de los remensas, realizada por los campesinos frente a las presiones señoriales y la guerra civil catalana, que se extendería por un periodo de diez años, tras los cuales el país quedó exhausto, los conflictos remensas no quedaron resueltos y Francia retuvo hasta 1493 los condados de Rosellón y Cerdaña, que fueron ocupados durante el conflicto. Sería Fernando el Católico quien con la Sentencia Arbitral de Guadalupe resolvió el conflicto remensa en 1486, reformó en profundidad las instituciones catalanas, recuperó pacíficamente los condados catalanes del norte y amplió la actuación de la corona sobre Italia. Por otra parte, aunque su matrimonio con Isabel la Católica supuso la unión dinástica con Castilla, una vez que ambos reinos se unificaron bajo el reinado de Carlos I, ambos conservaron sus instituciones políticas y se mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda.
Cataluña en la monarquía Hispánica.
En el siglo XVI, la población catalana inició una recuperación demográfica y una cierta recuperación económica. El reinado de Carlos I fue para Cataluña una etapa de armonía y de aceptación de la nueva estructura que formaban ahora los reinos hispánicos, a pesar de la marginación que Cataluña experimentó en la dinámica anexionista hispánica, tanto por su escasa participación en la conquista de América, como en su ausencia de las grandes empresas europeas de Carlos I y Felipe II. Ello se explica por el paso del peso político y económico internacional del Mediterráneo al Atlántico y por la preeminencia del reino de Valencia en el espacio de la vieja confederación. El reinado de Felipe II marcaría además en cambio el inicio de un proceso de deterioro, que no se concretaría sin embargo en ninguna ruptura. Entre los elementos más negativos de este periodo destacan la piratería sobre las zonas costeras y el bandolerismo en las zonas interiores. También se dio un retroceso en la lengua y cultura catalana, que iniciaron una etapa de decadencia, tras la brillantez de los siglos anteriores.
En el siglo XVII, las tensiones con la monarquía llegaron hasta tal punto que se concretarían en una violenta rebelión, la guerra de los Segadores de 1640. Ya con Felipe III, las relaciones experimentaron un claro deterioro, especialmente a causa de los conflictos entre un rey deseoso de aumentar sus recursos económicos después de haber agotado los de Castilla y una instituciones catalanas bien protegidas, donde el poder era ostentado por una oligarquía preocupada por mantener sus privilegios. Durante el reinado de Felipe IV este proceso culminó, especialmente gracias a la actuación del Conde-Duque de Olivares, deseoso de sustentar su ambiciosa política exterior a través de la aportación de los reinos peninsulares, para lo cual se distanció de la concepción política confederal que había prevalecido hasta entonces, en beneficio de una concepción unitarista y centralizadora. En el caso de Cataluña, la revuelta fue enorme especialmente a causa de las escasas contrapartidas ofrecidas por la corona. La concentración de los tercios en el Rosellón, a finales de la década de los treinta, con motivo del conflicto con Francia en la Guerra de los Treinta Años, a los cuales debían alojar y alimentar los campesinos, generaron graves tensiones, que culminarían el 7 de junio de 1640, jornada conocida como el Corpus de Sangre, con una matanza de funcionarios reales diversos, no exclusivamente castellanos. Posteriormente los motines se extendieron, pero la Generalitat de Catalunya consiguió encauzar la revuelta, para dirigirla contra la política de conde-duque, de manera que una revuelta social se transformó en una guerra política contra la dominación estatal, esto es, en una guerra de separación que se extendería hasta 1651.
Tras una tentativa de proclamar la república catalana, la Generalitat acabó por reconocer a Luís XIII de Francia como su soberano, lo que sirvió a los franceses para trasladar la guerra a territorio catalán . Liberada Cataluña nuevamente , la guerra con Francia se prolongaría hasta 1659, año en que la Paz de los Pirineos establecía la cesión del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y la mitad norte de la Cerdaña a Francia.
En las últimas décadas del siglo XVII, a pesar de la persistencia de conflictos bélicos con Francia, se inició la recuperación de la actividad económica catalana, la cual se localizó a lo largo del a franja litoral del país e incluso en zonas del interior, evitando su centralización en Barcelona. A finales del siglo, con la muerte del rey Carlos II y su sucesión por parte de Felipe V, se inició el proceso que culminaría en la Guerra de Sucesión. La instauración de la monarquía borbónica en la Corona hispánica supuso la formación de la Gran Alianza de la Haya entre Inglaterra, las Provincias Unidas y Austria, que apoyaron militarmente al perdedor de la sucesión, el archiduque Carlos.
Aunque en Cataluña se aceptó inicialmente a Felipe V, pronto se abrió una etapa de hostilidad y oposición que culminó con la entrada en 1705 del archiduque en Barcelona, quien sería reconocido rey en 1706. Castilla y Navarra ,aceptaron al legítimo rey Felipe V ,pero la mayoría de pueblos y ciudades de la Corona de Aragón , aceptaron al archiduque Carlos.
Lo que culminó en la guerra en suelo catalán. La ciudad de Cervera se mantuvo fiel a Felipe V , no así la gran mayoría ,que apostaron al pretendiente.
La evolución posterior de la guerra y el tratado europeo de paz Utrecht-Rastadt (1713-1714) agotaron las posibilidades de revuelta de Barcelona, que cayó en 1714. Los mandos del ejército se dedicaron, tras la capitulación de Barcelona el 11 de septiembre de 1714.
En venganza de no sólo el reconocer a Carlos como rey y apoyarlo , hizo que hiciera los Decreto de Nueva Planta (1716), desmantelando sistemáticamente las instituciones, en un proceso que culminaría con el por el cual quedaba establecido una nueva estructura territorial y administrativa, se suprimían las universidades y se desterraba el catalán de la administración, para prohibirse medio siglo después en los estudios primarios y secundarios.
La Universidad de Barcelona ,estuvo en la ciudad de Cervera de 1717 a 1842 , como premio a haberlo apoyado ,así como también se convirtió en la cabeza del corregimiento.
El decreto de Nueva Planta de 1716, que suprimió las instituciones políticas de Cataluña, no afectó al régimen político-administrativo del Valle de Arán y, por eso, no fue éste incorporado a ninguno de los nuevos corregimientos en que se dividió.
A pesar de la difícil situación interna, la región lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial (especialmente gracias al comercio con América), transformaciones estas que marcarían la crisis del Antiguo Régimen y posibilitarían después la industrialización, un primer proceso de la cual se daría en el siglo XVIII, especialmente centrado alrededor del algodón y otras ramas textiles. A finales de siglo, sin embargo, las clases populares empezaron a notar los efectos del proceso de proletarización que ya se manifestaba, lo cual dio lugar a diferentes situaciones críticas hacia finales de ese siglo. En la década de los noventa se iniciaron además nuevos conflictos en la frontera con Francia, derivados de las consecuencias de la Revolución Francesa.
Del siglo XIX a la Guerra Civil Española.
En 1808, Cataluña fue ocupada por las tropas del general Duhesme, general de Napoleón, lo que sería el inicio de la Guerra de la Independencia Española o guerra del Francés, contra las tropas napoleónicas. En Cataluña el dominio francés fue importante y se extendió hasta 1814, cuando el general Wellington firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento. Es digno de destacar el asedio al que fue sometida Gerona, defendida por sus habitantes, bajo la dirección del general Álvarez de Castro y donde los franceses perdieron gran cantidad de hombres y medios hasta conseguir rendirla con el hambre, las epidemias y el frío el 10 de diciembre de 1809. Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) se sucedieron diversas sublevaciones en territorio catalán y tras su muerte, el conflicto por la sucesión entre el infante Carlos María Isidro y los partidarios de Isabel II dio lugar a la primera guerra carlista, que se prolongaría hasta 1840, especialmente virulenta en territorio catalán. La victoria de los liberales sobre los absolutistas dio pie al desarrollo de la revolución burguesa bajo el reinado de Isabel II. Estos se dividieron pronto en moderados y progresistas, mientras que en Cataluña se empezaba a desarrollar el republicanismo. También coincide con el avance de la industralización y el consecuente surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, que soportaría condiciones de vida y trabajo inhumanas. La industrialización estaría marcada por una grave escasez de recursos energéticos propios y la debilidad del mercado interior español, además de por las presiones para adoptar políticas proteccionistas que evitaran la competencia de productos extranjeros. En el segundo tercio del siglo se desarrolló también la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura, que superaba así su larga etapa de decadencia.
El desarrollo del reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la ineficacia administrativa, el centralismo y las tensiones políticas y sociales, se tradujo en un progresivo aumento de la agitación social y en el desarrollo de la ideología republicana y federal. De ahí que cuando en 1868, estalló la Revolución de septiembre, también conocida como La Gloriosa, producto de la crisis económica que vivía España, que dio lugar al llamado Sexenio Revolucionario, los acontecimientos se vivieran apasionadamente.
Entre los hechos más destacados se encuentran el gobierno del general Prim y su asesinato, la revuelta federal de 1869, la instauración de la monarquía de Amadeo I, la proclamación de la Primera República Española, el estallido de la tercera guerra carlista y la difusión de las ideas de la Primera Internacional.
En 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto dio paso a la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. Es este un periodo de estabilidad política, de represión del movimiento obrero, de desarrollo de la actividad política en Cataluña, que se extendería hasta inicios del siglo XX, momento en que afloraría nuevamente la oposición política, especialmente de republicanos y catalanistas y las tensiones sociales. En las décadas siguientes iría tomando cuerpo el catalanismo político, como culminación de un proceso de afirmación de la conciencia nacional catalana, las primeras formulaciones del cual fueron debidas a Valentí Almirall. En 1901 se formaría la Liga Regionalista de Enrique Prat de la Riba y Francisco Cambó, que impulsaría Solidaritat Catalana. En cuanto al movimiento obrero, el final del siglo XIX se caracterizará en Cataluña por tres tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo, éste último orientado hacia las acciones terroristas, a los cuales se sumará a inicios del siglo XX el lerrouxismo. Ello conduce a que en las primeras décadas del siglo XX se distingan dos grandes líneas de fuerza, el catalanismo y el obrerismo. El primero, bajo el liderazgo de Prat de la Riba, conseguirá una primera plataforma de autogobierno: la Mancomunitat de Catalunya (1913-1923), presidida primero por éste, y más tarde por Jose Puig i Cadafalch. El obrerismo encontrará en el anarcosindicalismo la síntesis aglutinadora de anarquistas y sindicalistas, los dos sectores mayoritarios del movimiento obrero, y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la organización de combate para luchar por sus derechos. La creciente conflictividad social degenerará a lo largo del reinado de Alfonso XIII, dando lugar desde [1917]] a una intensificación de las tensiones y al desarrollo del pistolerismo, alentado desde la patronal contra los obreros y causante de una espiral de violencia, que conducirá al apoyo por parte de la burguesía catalana a una solución autoritaria: la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).
Tras la caída de Primo de Rivera, la izquierda catalanista invirtió grandes esfuerzos para generar un frente unitario, bajo la figura de Francesc Macià. Así nació Izquierda Republicana de Cataluña, un partido que logró romper el abstencionismo obrero y consiguió un triunfo espectacular en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precederían la proclamación de la Segunda República Española. La proclamación de la república permitiría la instauración de la Generalitat de Catalunya y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932, que a pesar de sus múltiples recortes, supuso la realidad de un autogobierno. La Generalitat republicana desarrollaría, gracias a la labor de sus dos presidentes, Francesc Macià (1931-1933) y Lluís Companys (1934-1939), una gran tarea, a pesar de la grave crisis económica, sus repercusiones sociales y las vicisitudes políticas del periodo, entre ellas su suspensión en 1934, con motivo de los incidentes acaecidos en Barcelona en Octubre de dicho año. En cuanto al movimiento obrero, destaca la crisis de la CNT con la escisión de los treinta y la formación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).
Tras la victoria electoral de las izquierdas en febrero de 1936, tuvo lugar en julio la rebelión armada contra la República, que iniciaría la guerra civil. La derrota de la rebelión militar en Cataluña supuso su incorporación al bando republicano. El desarrollo de la guerra en Cataluña se caracterizó por una situación de doble poder: el nominal de la Generalitat y el real de las milicias populares armadas. Los enfrentamientos entre los partidos obreros fueron muy violentos y se saldaron con la derrota de la CNT-FAI y el POUM, sobre el cual el PSUC desató una fuerte represión. Esta situación se resolvería progresivamente a favor de la primera, pero al mismo tiempo vería reducida su autonomía por el gobierno central. El esfuerzo bélico de la Generalitat se concentró en dos frentes: Aragón y Mallorca, siendo la segunda un verdadero fracaso. El frente de Aragón resistió con firmeza hasta 1937, cuando la ocupación de Lérida y Balaguer lo desestabilizó. Finalmente las tropas franquistas rompieron en dos el frente republicano al ocupar Vinarós, lo que aisló a Cataluña del resto. La derrota de los ejércitos republicanos en la batalla del Ebro supuso la ocupación de Cataluña entre 1938 y 1939 por las tropas franquistas, que suprimieron la autonomía e instauraron un régimen dictatorial, que supondría fuertes estragos contra el catalanismo y la cultura catalana.
Del Franquismo a la Cataluña actual.
El Franquismo (1939-1975), como en el resto de España, supuso en Cataluña la anulación de las libertades democráticas, del Estatuto de Autonomía, de las instituciones catalanas, la prohibición y persecución de los partidos, la clausura de la prensa catalana y la eliminación de las entidades izquierdistas. Cualquier signo de resistencia fue suprimido con energía, se multiplicaron los campos de concentración donde los detenidos vivían en condiciones precarias, las cárceles se llenaron a rebosar y miles de catalanes tuvieron que exiliarse.
Además, 4.000 catalanes fueron ejecutados entre 1938 y 1953, entre ellos el presidente de la Generalitat Lluis Companys,por mantenerse fieles al anterior gobierno .
Tras la primera etapa de economía autárquica, en la década de los sesenta la economía entró en una etapa de modernización agrícola, de incremento de la industria y recibió el impacto del turismo de masas. Cataluña fue también una de las metas del movimiento migratorio, que dio a Barcelona y las localidades de su entorno un crecimiento acelerado. También se desarrolló fuertemente la oposición antifranquista, cuyas manifestaciones más visible en el movimiento obrero por parte de Comisiones Obreras, desde el sindicalismo, y del PSUC. En la décadas de los setenta, el conjunto de fuerzas democráticas se unificaron alrededor de la Asamblea de Cataluña. Con la muerte del general Franco, se inició el periodo conocido como transición democrática, a lo largo del cual se irían alcanzando las libertades básicas, consagradas por la Constitución española de 1978. En ella se reconoce la existencia de comunidades nacionales en el Estado español, lo que da lugar a la formulación del Estado de las Autonomías. Tras las primeras elecciones generales, en 1977, se restauró la Generalitat provisional, al frente de la cual se situó Josep Tarradellas y que componían representantes de las fuerzas más relevantes en aquel momento. En 1979, se aprobó finalmente el Estatuto, netamente superior al de 1932 en algunos aspectos como enseñanza y cultura, pero inferior en otros como justicia y orden público. En él, Cataluña se define como nacionalidad, se reconoce el catalán como lengua propia de Cataluña y alcanza la oficialidad junto al castellano. Tras su promulgación, tuvieron lugar las primeras elecciones catalanas, que dieron la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol, de Convergència i Unió, cargo que ostentaría hasta el año 2003.
A lo largo de los años ochenta y noventa se desarollaron diferentes aspectos de la construcción autonómica, entre ellos el despliegue de la policía autonómica, la creación de la administración comarcal y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. También se desarrolló la Ley de Normalización Lingüística, a fin de fomentar el conocimiento y el uso del catalán y se crearon los medios de comunicación y radio de titularidad catalana. El 1992 Barcelona celebraba sus Juegos Olímpicos, que sirvieron para dar a Cataluña una reconocimiento internacional. A lo largo de la década de los noventa, la ausencia de mayorías absolutas en el gobierno central contribuyeron a ampliar las competencias autonómicas, mediante la negociación de CiU con el último gobierno de Felipe González (1993-1996) y el primero de José María Aznar (1996-2000). En noviembre de 2003, los resultados de las elecciones autonómicas posibilitaron un cambio de partidos en el gobierno de la Generalitat y Pasqual Maragall, (PSC-PSOE) fue nombrado presidente, encabezando un equipo de gobierno del cual forman parte el PSC, ERC y Iniciativa per Catalunya-Esquerra Unida i Alternativa.
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